Simeone es la pieza fundamental que haría posible la llegada de Luis Suárez al Atlético

Cuando hace más de un mes el Barcelona abrió las puertas a Luis Suárez, se iluminaron todas las luces en el cerebro de Simeone. No se podía dejar pasar la oportunidad de tener al uruguayo en el mercado. Obviamente, sabía que la operación resultaba entonces totalmente inviable para la economía del Atlético. Pero a determinación, fe e insistencia nadie le gana. Así que, por pequeña que fuera la rendija, le instó a Miguel Ángel Gil Marín a hacer todo lo posible por entrar por ella. Aquí van algunas claves.

Un 9 de jerarquía. Por un delantero como Luis Suárez merecía la pena cualquier esfuerzo. No todos los días un top mundial sale a subasta. Y tampoco hay mucho más a los que se le caigan los goles como a él. De hecho, con las excepciones de Falcao, Diego Costa en su primera etapa y Griezmann (por su talento, que no por su condición de 9), Simeone nunca ha tenido a un killer en el ataque que enviara a la jaula todo lo que le pasara por delante, lo que le ha supuesto un lastre a la hora de resolver infinidad de partidos.

Carácter. Más allá de los goles, El Cholo siempre ha valorado a los delanteros con peso en el área, que amedranten a sus rivales, que impongan con su sola presencia y que sean los primeros en dejarse la piel. Dicho de otro modo, un Suárez. Probablemente no haya ninguno que responda mejor a esta definición. La garra charrúa que encarna el todavía barcelonista hace las delicias de Simeone.

Fortaleza mental. A estas alturas de la película, no hay situación o escenario que pueda empequeñecer a Luis Suárez. En este sentido, resulta odiosa la comparación con un Morata al que su fragilidad mental, sobre todo cuando no le salían bien las cosas o era carne de banquillo, le convertía en su peor enemigo. De hecho, pese a que Simeone fue el que reclamó su fichaje, no acabaría encontrando en él a ese 9 que se echara al equipo a las espaldas y marcara las diferencias

El empujón de la llamada. Mientras en los despachos cuadraban números y hacían malabares para encajar el fichaje de Suárez en su maltrecha cuenta, Simeone también pondría de su parte comunicándole al internacional uruguayo que no iba a encontrar mejor cobijo que a sus órdenes. El idioma futbolístico que comparten uno y otro permitiría que el entendimiento fuera mutuo desde el primer momento. Estaban hecho el uno para el otro.

La ascendencia del Cholo. Si Suárez era un bombazo para el Atlético, Simeone era la gran seducción para Luis. Pese a que un transatlántico como la Juventus se frotaba las manos con unirlo en el ataque con Cristiano Ronaldo, al charrúa le tiraba la opción de ponerse a las órdenes de un técnico con la dimensión del Cholo. Así que en cuanto supo de su interés aparcó la complacencia que le habría aportado unirse a todo un campeón del Calcio para dejarse llevar por el hambre y la ilusión que invade a todo el que comparte dos minutos con el argentino.

Aunque en el Atlético insisten que el acuerdo no está cerrado, la realidad es que, en este momento, el barcelonista está muy cerca de convertirse en el nuevo delantero centro de los de Simeone. Un fichaje que daría un giro de 180 grados a un mercado parado (la única cara nueva es la del meta Grbic) y que llegaría cuando apenas quedan dos semanas para el cierre del mercado.

El Cholo, de hecho, ha sido fundamental al poner su nombre sobre la mesa en el momento en el que la relación de Luis Suárez con el Barça empezó a torcerse. El argentino contempló la opción de que uno de los mejores delanteros centros de la última década podía ser rojiblanco… y los del Wanda se lanzaron a por él esperando que, como ha ocurrido esta mañana según Rac1, llegara a un acuerdo de rescisión con los azulgrana.

De hecho, las cifras del posible acuerdo entre el Atlético y Luis Suárez engloban un contrato para los dos próximas temporadas (hay que recordar que al punta, que tenía en el Barça un salario más alto, sólo le restaba la última campaña) en las que el delantero ganaría cerca de 9 millones de euros netos por curso. Una cifra considerable en un mercado en recesión y con la opción cada vez más real de que se le pida a la plantilla y al cuerpo técnico que se rebajen las nóminas.

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