Napoleón contó parte de la historia del «Pato» Patoriza

Pastoriza ídolo del rojo de Avellaneda

Linda historia de NAPOLEÓN, hay gente de fútbol que hoy todavía desconoce el trabajo de este «gordito», todo un libro en la historia de nuestro fútbol.

 El camino rumbo a Catar 2022 inició el pasado viernes ante Colombia, en Barranquilla. Dos décadas después la selección nacional volvió a tener un técnico extranjero en su banquillo para las eliminatorias de CONMEBOL, en la figura del portugués José Peseiro, mientras que, en el pasado, con una realidad totalmente distinta a la actual, estuvo el argentino José Omar Pastoriza (1942-2004). El testigo del “Pato” lo tomó Richard Páez y nació el celebérrimo “Boom Vinotinto”, como fenómeno social y deportivo. Pero para poner en contexto el legado de ese ídolo de Independiente de Avellaneda, como jugador y entrenador, en Balonazos hablamos con Napoleón Centeno, su mano derecha en ese ciclo y una enciclopedia del balompié nacional.

Hace más de dos décadas atrás, el histórico coordinador de la Vinotinto se encontraba en una concentración, en un cuartel de bomberos, en Rio de Janeiro, Brasil, con la sub-20 y sub-15 comandas por Lino Alonso (†). En una época sin teléfonos celulares, le tocaba tomar un autobús rumbo al centro de la ciudad, unos 30-40 minutos aproximadamente, donde busca partidos amistosos con Vasco da Gama, Flamengo o Botafogo. También iba a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y aprovechaba las casetas telefónicas para hablar con su familia y la Federación Venezolana de Fútbol. En una de esas llamadas se enteró que desde el ente rector del balompié nacional lo buscaban con ahínco, porque iban a contratar un técnico argentino, pero tenía una condición antes de firmar: “Hablar con Napoleón”.

Centeno lo recibió en el aeropuerto, lo recuerda con un traje y sin corbata, aunque Pastoriza también lo identificó rápido y le soltó un: “¿Sos Napo?”. Ese fue el primer contacto, que le siguió una conversación donde el coordinador le contó las deficiencias que tenía la selección en esos momentos y la necesidad de cambio que había. Luego de una charla plagada de sinceridad, que no maquilló la realidad de una selección con pocos recursos económicos, la respuesta del sureño fue: “Gracias, Napo. Voy a asumir el riesgo y voy a firmar contrato. No vamos a ganar, pero nos vamos a cagar de la risa, porque esto lo vamos a hacer crecer y vamos a crear una estructura”.

Desde un principio el vínculo fue muy fuerte entre el entrenador y el coordinador. En la reunión en la que iba a firmar contrato, no iba a entrar Centeno. “Si no entra Napo, yo me voy”, aseveró Pastoriza. Solo tenían tres horas de haberse conocido. Y es que en el taxi rumbo a esa junta el caraqueño se refirió al argentino como señor, a lo que le espetó un: “No que señor nada, para ti yo soy ‘Pato’”. Aunado a esto, le había solicitado sentarse juntos a revisar las listas de los jugadores que le habían recomendado.

En el momento de la firma del contrato hizo que Centeno leyera el contrato, luego lo firmó y al recibir la copia del documento le indicó: “Napo, hacé cumplir esto”. Todo un reto para el capitalino que trabaja en la FVF desde 1989.  “Asumí mucha responsabilidad y pienso que mi crecimiento como coordinador general se amplió, por todo el valor que me dio. En las primeras convocatorias él decía: ‘Aquí el que manda es Napo, yo soy el técnico’. Todo era conmigo”, recordó el trabajador hoy en día de Conmebol.

Un altruista

“En la primera cena en el Hotel Intercontinental del Lago (Maracaibo, Zulia), él me dijo que le pusiera una botella de vino en cada mesa, porque no le gustaba comer en mesas de 10 personas. Yo le dije: ‘No, Pato, no le pongas eso’. A lo que me respondió: ‘Déjalos tranquilos, que tienen que aprender algún día a saber diferenciar entre lo que es un vino social de alimento y un vino de emborracharse. Veías que el tipo tenía una visión extraordinaria”, comentó Centeno. El norte era enseñarles a los jugadores muchas cosas en diferentes aspectos del fútbol.

A pesar de la figura que representaba Pastoriza, las expectativas de Centeno siempre fueron las mismas. “Una de mis características dentro de mi carrera es que no esperaba que los técnicos me fuesen a llevar al Mundial, sino que produjeran cambios. Siento que todos dejaron algo. Él siempre me decía: ‘Napo recuerda que los técnicos tenemos la maleta detrás de la puerta, en cualquier momento me puedo ir, pero hasta el día que yo esté vamos a hacer lo posible por cambiar. Cada día con él era un privilegio y un crecimiento”, confesó el coordinador. El oficial de partidos de Conmebol también resaltó el cambio generacional y que luego fue la “gran familia Vinotinto que tuvo trascendencia con Richard (Páez)”.

La visión del argentino era sembrar la semilla del cambio, sin importar quién la cosechara. “El ‘Pato’ era un tipo tan noble que me decía: ‘Napo, ¿quién crees tú que puede ser el próximo técnico? Le dije que para mí puede ser Richard y lo invitó a una concentración para que viera y aportara”, reveló Centeno. Para buscar esos nuevos talentos el cuerpo técnico, incluido Napo, viajaban por el país a ver los partidos, pero siempre con una premisa: ver al jugador de visitante. “Él decía que el futbolista jugaba diferente afuera de su casa”, soltó.

De ahí nació una serie de cambios. “En la primera convocatoria dije: ‘Esto es una locura’, pero dio resultados. Cuando veías a los jugadores jóvenes, decías que este tipo se la estaba jugando y mira lo que pasó después”. Dentro de esa nueva hornada se encontraba un tal Juan Arango, posiblemente el mejor jugador de la historia del país. “Arango con él era clase aparte y si estuviera vivo creo que Juan tendría mucho que agradecerle. Juan va a México, porque el técnico era Benito Fioro, que era amigo de Pastoriza y le dijo: ‘Llévatelo’. El ‘Pato’ tenía a los jugadores como hijos, sin protocolos, con mucha confianza y mucho respeto”, explicó Centeno.

Otra virtud del argentino era el “reprender elegantemente”, en el cual lograba hacer una observación sin: gritar, humillar o descalificar. “El futbolista se defiende de la crítica así esté cometiendo un fallo. El ‘Pato’ no le reconocía el error, sino que se lo daba al jugador para que él se diera cuenta. Algo que es muy valioso”.

Contra viento y marea

En la actualidad la selección nacional cuenta con uno de los mejores Centro de Alto Rendimiento de Sudamérica, pero en el ciclo Pastoriza (1998-2000) era una realidad totalmente distinta. La cancha del Fray Luis era de tierra y piedra. El Brígido Iriarte tampoco era opción por la cantidad de disciplinas atléticas. El Olímpico de la UCV y el Centro Ítalo era de los socios. Ante este escenario los entrenamientos eran en Parque del Este, con unos conos, ejercicios de velocidad y recreativos. Ante esas adversidades, la respuesta del “Pato” era: “Vamos a adaptarnos a lo que tengamos, pero vamos a  buscar que nos respeten para conseguir cosas. Si estos chamos logran esto entrenado en Parque del Este, vamos a buscarles facilidades. Malo sería exigir entrenar en el (Santiago) Bernabéu y luego perder. Vamos a demostrarles a los directivos que somos capaces de hacer sacrificios”.

Centeno reflexionó: “Comparó lo que hubiese sido el ‘Pato’ con GPS, el Centro de Alto Rendimiento y todo este modernismo. Hubiese sido totalmente diferente”. Ante tanta precariedad, el argentino apunta a la persona y no tanto al jugador. “Él ponía la parte humana en primer lugar y la técnica en segunda. Comentaba: ‘No hago nada al hacer un trabajo técnico-táctico férreo cuando tengo un jugador con problemas, con hambre o sin zapatos. Lo importante era atender al ser humano, darle alegría y estimularlo”. Y es que la calidad humana del ex DT de Boca Juniors le permitía “hacerse venezolano en dos días”, fue una persona que se acopló bien y gozaba en el país.

Los resultados no acompañaron y solo obtuvo un triunfo (4-2) ante Bolivia como locales en la eliminatoria. En la Copa América de Paraguay también se marcharon en blanco. “Deportivamente sí nos fue mal. Estábamos en un proceso.  Había muchas charlas no técnicas, sino conversacionales. Él hablaba del futuro del fútbol venezolano, de creer en nosotros, de por qué estábamos pendientes de zapatos último modelo, si no habíamos empezado a caminar. En lo deportivo aun perdiendo, él estaba muy orgulloso. El ‘Pato’ les decía: ‘El que perdió fui yo, no de ustedes’. Cuando le ganamos a Costa Rica 5-2 les dijo: ‘Ganaron ustedes, hicieron un papel extraordinario’. Él sabía manejar las cosas”, argumentó Centeno.

¿Tipo de juego? “Era un estilo de acuerdo a las piezas que tenía, pero la actitud era ir hacia adelante. Pero a él le costaba la parte táctica, por la falta de trabajo en las categorías menores”, explicó el coordinador. Una idea alegre que estaban familiarizados y que incluso les permitió ganarles (1-0) un amistoso a Colombia en el Olímpico, que tuvo la particularidad de que Centeno hizo la alineación, aparte de colaborar en los entrenamientos con Alí Cañas, porque Pastoriza llegó sobre la hora por una huelga de aerolíneas en Argentina y sus indicaciones fueron a distancia. “Llegó el ‘Pato’ corriendo por la bajada de la dirección de deportes, con un paltó y un cigarro. Cuando ve la alineación en el camerino, me dice: “¿Quién hizo eso?”, le dije que yo y respondió: “Así vamos a jugar”.

Entre sombras y reflectores

José Omar Pastoriza no era solo conocido en Sudamérica, sino en el mundo. Una anécdota de Centeno lo ejemplifica: “Un día estábamos en su casa en los Palos Grandes y sonó su teléfono, me dijo que lo atendiera. Escucho un español muy extraño que me pide hablar con Pastoriza y me pregunta quién soy. Le respondo que es Napoleón, su asistente, y me dice que es Alberto para que le atienda. Escucho la conversación y resulta que hablaba con el príncipe Alberto de Mónaco, porque cuando jugó allá sus hijas se criaron y estudiaron juntas”.

A pesar de esto, la afición aún no se volcaba con la selección. “El público no estaba todavía identificado con nosotros. Estábamos empezando a hacer algunos destellos. En Maracaibo estuvimos dos semanas concentrados y nadie se daba cuenta. Mientras entrenábamos en el Pachencho Romero, en el velódromo había ciclistas e incluso un balón tumbó a uno. Nadie sabía quiénes éramos y quién era el ‘Pato’. Pero él empezó a atraer los medios y la gente, por ser Pastoriza”, rememoró Centeno. En el caso de la prensa su mensaje fue involucrarlos y decir: “Ahorita no lo van a ver, pero más adelante lo verán y serán parte de esto”.

Pero fuera del país llovieron los buenos comentarios. “Muchos me decían: capaz ustedes no lo ven, pero la gente de fútbol sabe que el equipo ha cambiado en actitud y en la forma de jugar. Incluso un entrenador mexicano de la Federación Japonesa de Fútbol, que nos habíamos enfrentados dos veces antes de ese ciclo con el “Pato”, me dijo: “Napo, como han cambiado las cosas desde que llegó Pastoriza. Desde tan lejos se daban cuenta”.

Todo es ciclo fue el preludio del cambio. “Richard (Páez) aprovechó toda esa parte humana y le metió lo técnico-táctico, la irreverencia. Nosotros acabamos con las caravanas en Caracas cuando ganaba un equipo de otros países como España o Italia, desde que la Vinotinto creció. ¿Cuántos periodistas no nacieron del ‘Boom Vinotinto’? Antes eran solo cuatro los que iban al estadio”, analizó Centeno. 20 años pasaron de ese proceso y si hoy en día José Peseiro tiene ciertas herramientas (prensa, afición, CNAR, jugadores, etc) para aspirar seriamente a ir al Mundial, mucho se debe al último técnico extranjero que dirigió a la sección un Premundial antes que el portugués.

Tomado; Luis Vílchez / @lvilchez8.- Balonazos.com

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