18 de septiembre de 2021

Maradona; Amado y Odiado, pero sin duda un Genio

Capitulo III; la revolución del sur de Italia y el momento más sublime

Maradona en Nápoles: siete años de pasión

Recorrido por la etapa napolitana de Maradona, la voz de los ‘terrori’, los denostados habitantes del sur frente al poder de la Italia del norte

«Cuando llegué, me recibieron 85.000 personas; cuando me fui, estaba completamente solo»

No hay en la historia del fútbol una relación tan intensa entre un futbolista y su ciudad de acogida. En 1984, Diego Armando Maradona llegó a Nápoles para aliviar las deudas que había contraído como jugador del Barça.

Pronto reconoció en el sur de Italia los gestos, las actitudes y la vida que había vivido en Villa Fiorito, su humilde barrio de Buenos Aires. Fútbol, mafia, droga, hijos ilegítimos y éxtasis colectivos son los ingredientes de la historia del ‘Pelusa’ en Nápoles.

Entradas agotadas en su presentación

“’En qué quilombo nos metimos, ¡esto es peor que Buenos Aires!”, le dijo Fernando Signorini a su esposa el 5 de julio de 1984: el preparador físico de Maradona fue el primer sorprendido de la reacción de la ciudad de Nápoles al fichaje del jugador. 85.000 personas se reunieron en el estadio San Paolo para ver su presentación, y eso que la entrada costaba 3.000 liras (unos 2,5 euros).

Hubo más de 30 cadenas de televisión acreditadas aquel día. La rueda de prensa tuvo que hacerse en el gimnasio porque la sala habitual se había quedado minúscula. Un periodista francés, Allain Chaillou, preguntó a Maradona si era consciente de que una parte del pago de su fichaje (7,5 millones de dólares) lo había abonado la Camorra. El presidente del Nápoles, Corrado Ferlaino, expulsó inmediatamente al periodista. 

‘Sois la vergüenza de toda Italia’

El jugador más caro del mundo se adaptó como un guante  a la ciudad más pobre de Italia: en Nápoles, todo le recordaba a Buenos Aires y Maradona no tardó en convertirse en el símbolo de una rebelión que fue más allá de lo futbolístico.

En sus primeros partidos, Maradona comprobó cómo el Nápoles era recibido en los estadios del norte del país con pancartas como ‘Lavatevi’ (Lavaos) o ‘Sei la vergogna de la Italia entera’ (Sois la vergüenza de toda Italia), cánticos despectivos o directamente racistas.

Frente al poder económico de Milán o Turín, Nápoles era la cloaca de Italia para muchos habitantes del norte. Pero los ‘terroni’, el término con el que los del norte despreciaban a los del sur, empezaron a rebelarse de la mano de Maradona, que había crecido en un humilde barrio de Buenos Aires y que sería el encargado de liderar la revolución del sur contra el norte. 

Un arranque de curso decepcionante

Maradona debutó en Verona, ante el equipo que venía de ser campeón la temporada anterior. Fue el 16 de septiembre de 1984 y el Nápoles perdió 3-1.

El comienzo del curso fue preocupante y antes de Navidad, el presidente pidió al entrenador que se llevase al equipo a Vietro, 50 kilómetros al sur de Nápoles, para concentrarse durante unos días.

Siempre rebelde, Maradona se fue a su país para pasar las vacaciones navideñas. Pero a su regreso, el equipo despegó: el Nápoles acabaría octavo. Los grandes éxitos aún estaban por llegar. 

Maradona y un grito que se repitió 15 veces en el Napoli campeón

“Aquello parecía ‘los intocables”

“Cualquier problema que tengas será mi problema”. Las palabras de Carmine Giuliani, el jefe del clan de la Nueva Familia de la Camorra, impresionaron a Diego Maradona.

Era su primer contacto con la mafia napolitana: lo llevaron en moto a Forcella, un barrio de la ciudad, para invitarlo a cenar. “Lo primero que vi fue un tipo con un fusil. Aquello parecía una película, ‘Los Intocables’ o algo así”.

La leyenda cuenta que años después, el cuñado de Maradona, Gabriel ‘La Morsa’ Espósito, tenía tantos contactos en la Camorra que era capaz de recuperar los objetos que le habían robado a los turistas argentinos en los peores barrios de Nápoles.

Un hijo napolitano… pero no reconocido

En 1986 fue el protagonista de un escándalo que inundó las páginas de la prensa, y no solo la del corazón. En aquel entonces, Diego ya había abandonado el Hotel Royal, donde vivió en los primeros meses, para instalarse en una villa del barrio de Posillipo junto a Claudia Villafañe, su novia.

Pero sus excursiones nocturnas eran conocidas en la ciudad. También sus romances: con la bailarina americana Heather Parisi supo cortar a tiempo, pero con Cristiana Sinagra, no. Sinagra se quedó embarazada y en  septiembre de 1986 dio a luz a un niño al que llamó Diego Armando

“Yo estaba embarazada de dos meses y un día enciendo la televisión. Sale una mujer diciendo que el hijo que acaba de tener es de Diego. Él vino a casa llorando y diciendo que era mentira. Yo le dije, ‘no te lo voy a preguntar nunca más, decime la verdad ahora’. Y me dijo, ‘es mentira”. Villafañe lo explica  en ‘Diego Maradona’, el documental de Asif Kapadia. En 1992, una jueza confirmó la paternidad de Maradona y le obligó a pagar una pensión.  En 2016, Maradona reconoció a su hijo. 

Con su masajista de confianza a méxico 86

Cuando Maradona se fue con Argentina al Mundial de 1986, todavía no había ganado un título con el Nápoles: pero tras conquistar brillantemente el Mundial, regresó más fuerte que nunca.

Quizá la clave estuvo en las manos de Salvatore Carmando, el masajista del Nápoles, que acompañó a Maradona durante todo el campeonato mundial en México. “La relación entre Diego y yo fue siempre muy pura y clara. Nunca le pedí un céntimo aunque él quisiera pagarme; a mí me valía con su amistad”.  

‘No sabéis lo que os habéis perdido’ 

Pese a su agitada vida sentimental, Maradona llevó al Nápoles a otra dimensión: el equipo pobre del sur de Italia, que nunca había ganado un ‘scudetto’, tocó la gloria el 10 de mayo de 1987.

Era la penúltima jornada de Liga y un punto era suficiente para proclamarse campeón de la Serie A por primera vez en sesenta años de historia. El Nápoles ganó el ‘scudetto’ con 42 puntos, tres más que la Juventus de Michel Platini.

Las celebraciones se prolongaron durante varios días. Alguien se tomó incluso la molestia de acercarse al cementerio de Poggioreale y escribir con pintura azul ‘E non sanno che se sò perso’ (‘No sabéis lo que os habéis perdido’). Al día siguiente, otra pintada respondía: ‘¿Quién ha dicho que nos lo hemos perdido?’.

Maradona conquistaría también el scudetto de la temporada 1989-90, la Copa de 1987, la Supercopa de 1991 y la UEFA de 1989

La semifinal de 1990, el principio del fin

El destino quiso que Italia y Argentina jugasen la semifinal del Mundial de Italia’90 precisamente en el San Paolo de Nápoles.

En los días previos, la ciudad se dividió entre partidarios de la selección italiana y de Maradona. “Si me quieren ver contento, que apoyen a Argentina: cuando Nápoles me necesitó, yo siempre estuve ahí”, dijo Diego días antes.

El partido lo ganó Argentina en la tanda de penaltis. En la final, Maradona insultó ante la cámara al público que pitaba el himno argentino. Ahí empezó a romperse el idilio: Maradona se convirtió en el personaje más odiado de Italia.

Maradona y Napoli, un idilio que durará hasta la eternidad

Napoli campeón europeo y la promesa incumplida a Maradona

Por Daniel Arcucci

La temporada 1988/89 marcó la consagración del club italiano en Europa. La obtención del primer título importante a nivel internacional del Napoli, también trajo consigo el principio del fin del ciclo Maradona.1989

La Copa de la UEFA lograda ese año no fue un título más para Maradona. En la historia quedan guardadas dos imágenes.

Una, de la semifinal contra el Bayern Munich, de visitante, regresa a la memoria emocional y también a la virtual, gracias a aquel calentamiento previo maravilloso en el que pareció bailar con la pelota al ritmo de Live is Life (en realidad, no pareció; bailó con la pelota).

Otra debería ser el momento en el que levanta el trofeo, después de derrotar al Stuttgart con un par de apariciones decisivas suyas. Pero no. Es otro momento. Un detalle que pasó inadvertido en el instante que sucedía y sólo cobró relevancia después, cuando la historia de Maradona y Napoli empezó a ser conflictiva: en la imagen se lo ve hablando con Corrado Ferlaino, presidente del club, mientras entre ambos sostienen la copa.Volume 90% 

Napoli campeón de la Copa UEFA 1989

EL DIÁLOGO DE DIEGO Y FERLAINO

Uno dice: «Ya está. Hice todo lo que tenía que hacer. Puedo irme».

El otro dice: «Hoy ganamos. Hay que seguir ganando. Y para seguir ganando tenés que continuar en el club».

Uno es Maradona.

Otro es Ferlaino.

En el medio hay una promesa incumplida.

Diego acatará. Y, en el medio de la felicidad,de los logros, sabe que los tiempos que vendrán serán tormentosos.

Pero ahora hay que festejar. Napoli ya no sólo es el capo de Italia. También pisa fuerte en Europa. Y el factor determinante se llama Diego Armando Maradona.

Maradona y Napoli, un idilio que durará hasta la eternidad

Primer scudetto de Napoli: el norte se moría

Napoli era campeón por primera vez en la liga italiana y ahí estaba Diego Maradona para quedar inmortalizado como el emblema de esa inolvidable conquista. Aquel 10 de mayo de 1987, el club conquistó el primero de sus dos «scudettos», como se lo reconoce al ganador del certamen, y desató una fiesta sin precedente en la historia del fútbol de ese país, ya que la entidad del sur de Italia, postergada históricamente por los grandes equipos del norte, conseguía el título y el crack argentino fue el gran artífice de ese logro que lo proyectó a la eterna idolatría de todo un pueblo

Ese día de la consagración, por la penúltima fecha de la temporada 1986/87 y en el estadio San Paolo, el equipo azzurro, con un gol de Andrea Carnevale, igualó 1 a 1 frente a Fiorentina, que tuvo como titular a Ramón Ángel Díaz, y que marcó a través del ídolo italiano Roberto Baggio.

Ese tanto de los visitantes sirvió, además, al equipo violeta para salvarse del descenso, mientras que el Napoli, con una ventaja de 3 puntos con respecto al Milan y a la Juventus (en tiempos en los que el triunfo otorgaba dos unidades) se consagró ante los poderosos industriales del norte.

¿Cómo se llegó a ese día glorioso? Maradona había conseguido con Boca el campeonato argentino de 1981. Luego llegó su participación con el seleccionado conducido por César Luis Menotti, en la pálida actuación en el Mundial de España de 1982.

Ya conocido todo el desembarco de como salió de Barcelona y como llegó al sur de Italia vamos de una a octubre de 1985, Guillermo Cóppola se convirtió en su nuevo representante, en reemplazo de Jorge Czysterpiller, su agente desde sus tiempos juveniles y recientemente fallecido. En la temporada siguiente, Maradona, que venía de conseguir con el seleccionado argentino el Mundial en México, fue el mejor jugador del campeonato en una notable campaña de Napoli y consiguió 15 tantos, dos menos que el goleador del certamen Pietro Paolo Virdis, de Milan.

En su libro autobiográfico «Yo soy el Diego», Maradona recordó que «haber conseguido el primer scudetto para el Napoli en sesenta años fue, para mí, una victoria incomparable. Distinta a cualquier otra, incluso al título del mundo con el seleccionado».

También señaló: «Lo hicimos nosotros, desde abajo, algo bien de laburante. Me hubiera gustado que todos vieran cómo lo festejamos, lo celebramos más que cualquier otro equipo, fue un scudetto de toda la ciudad. Y la gente fue aprendiendo que no había que tener miedo, que no ganaba el que tenía más plata sino que el más luchaba, el que más buscaba».

En ese equipo, dirigido por Ottavio Bianchi, jugaban figuras como Ciro Ferrara, Salvatore Bagni y Fernando De Napoli. Otros menos reconocidos, como Raffaele Di Fusco, Alessandro Renica, Giuseppe Bruscolotti, Massimo Filardi y Francesco Romano. Ninguno, claro, como Maradona.

Con todo ese panorama firma sus dos mejores Mundiales sin duda

Diego: ‘el gol del siglo XX’ y el tanto con ‘la mano de Dios’, que «no se va a volver a repetir» un equipo como el que superó a los ingleses y finalmente ganó el Mundial de México’86.

«El plantel del 86 lo era todo. El equipo que hicimos, que construimos en el predio del (club) América fue maravilloso. Fue algo que lamentablemente no se va a volver a repetir. Le pediría a Dios que lo repita, pero es muy difícil», palabras del gran capitán recordando la gesta

«Tener tantos hombres que quieran la pelota, tantos hombres que se la jugaran por una camiseta. No quiero comparar a nadie con nadie. Ante el equipo del 86 hay que sacarse el sombrero por la calidad humana, por todo lo que dio a pesar de las muchas barreras que nos pusieron», agregó.

Argentina venció a Inglaterra en los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1986 por 2-1 gracias a los goles de Maradona, el astro del fútbol sostuvo que «ese es el Mundial que la gente recuerda y que lleva en el corazón por todo lo que pasó en Malvinas».

Maradona, tras ganar el Mundial de México (Archivo 20minutos).

‘Pelusa’ dijo que los jugadores no pensaron en la guerra que tuvieron argentinos e ingleses por las Islas Malvinas en 1982 antes del partido, pero sí luego del triunfo.

«No pensábamos en los tiros, en la guerra. Cuando me cayó la ficha sí lloramos todos juntos, por los chicos que nos mataron los ingleses pero que también nos mataron los argentinos, porque mandar a chicos de 17 años a pelear a las Malvinas…», señaló.

Maradona convirtió el primer gol de ese partido con su puño izquierdo y más tarde alegó que el tanto fue anotado por ‘la mano de Dios’.

La segunda conversión, el «gol del siglo XX», fue elegido en 2002 en una encuesta de la FIFA como «el mejor gol de la historia de los mundiales».

Sin embargo, el ‘Diez’ afirmó que su mejor partido de ese Mundial fue en octavos de final ante Uruguay, y remarcó que en la semifinal ante Bélgica anotó «dos golazos cuando no se podía romper el resultado».

Más recuerdos

Sin el menor género de dudas, el Mundial de México 86 fue el de Diego Maradona. El 10 había jugado ya la anterior Copa del Mundo, en España 82, pero ni sus actuaciones ni las de su selección fueron, ni de lejos, parecidas a las de México 86.

Llevaba dos años en el Nápoles y estaba en lo mejor de su carrera. Llegó como capitán de su selección y durante la Copa, jugó todos y cada uno de los minutos de los siete partidos que disputó su selección. En el primer partido de Argentina, disputado en el estadio Universitario de México ante Corea del Sur (y arbitrado por Victoriano Sánchez Arminio), Maradona dio las tres asistencias de los goles de Valdano (2) y Ruggeri. El partido acabó 3-1. En el segundo partido, Maradona marcó su primer gol del torneo, en un 1-1 ante Italia en Puebla. Tras derrotar a Bulgaria en el último partido del grupo y a Uruguay en octavos, en cuartos llegó el partido más recordado de aquella cita y uno de los más fundamentales de la historia del Mundial de fútbol.

Argentina e Inglaterra se enfrentaron el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca de México. En el primer tiempo, Argentina dominó más pero no pudo superar la defensa inglesa. Pero en el minuto seis del segundo tempo, llegó el primer tanto, uno de los más famosos de la historia del fútbol: el gol de la ‘Mano de Dios’: un centro de Valdano fue desviado por el defensa inglés Steve Hodge y Maradona, saltando junto a Peter Shilton, le dio a la pelota con la mano y el balón entró. El árbitro tunecino Ali Bin Nasser, pese a las protestas inglesas, dio por válido el gol.

Pero todo lo injusto e ilegal de ese gol quedó eclipsado con el gol que rivaliza con el de la ‘Mano de Dios’, el llamado ‘Gol del Siglo’: Maradona recibe el balón a unos diez metros de la línea del centro del campo en su propio terreno de juego. El jugador del Nápoles recorrió entonces 60 metros en 10 segundos, regateando a Peter Beardsley, a Peter Reid, dos veces a Terry Butcher y una a Terry Fenwick para finalmente regatear a Peter Shilton y marcar el 2-0. Gary Lineker marcó en el 81, pero fue insuficiente. En semifinales, otro doblete de Maradona doblegó a Bélgica y en la final, ante Alemania, los albicelestes lograron la victoria por 3-2, siendo el último gol a pase de Maradona. El Pelusa acabó siendo nombrado mejor jugador del torneo y alzando la Copa del Mundo. Estaba en lo más alto, era casi un dios.

Cuando Diego dividió Italia

Se jugaba la primera semifinal del Mundial de Italia ’90, ideado para que los locales ganaran esa Copa tan deseada, que no se elevaba vestida de azul desde 1982. El circo estaba armado. Walter Zenga era el arquero imbatible, con récord incluido. Totó Schillaci, con su espasmódica condición de goleador, también se subía al escenario. Había acompañantes valiosos: Franco Baresi, Riccardo Ferri, Roberto Donadoni. Pero apareció Diego Maradona y habló para un par de canales del norte de Italia. En el prime time. Sin vueltas. De puro guapo. «Ahora se acuerdan que existimos», les dijo a los suyos. Los vencidos en los penales miraban al fin ahora a los nadies, los ningunos, como le hubiera gustado decir al escritor uruguayo Eduardo Galeano​, uno de los admiradores del «Dios más terrenal de todos los dioses».

Ya parece un lugar común que cuenta una verdad: Nápoles es la Ciudad de Dios, la Ciudad de Diego. Maradona está en todos los rincones, esos que ya no habita, pero en los que resulta una cuestión cotidiana. Desde los que estuvieron en aquella llegada con estadio repleto y los que gozaron aquel primer Scudetto de 1987 hasta los pibes que ahora se asombran por YouTube mirando sus videos de mago, de goles de los que todavía se escuchan los ecos.Mirá tambiénGoycochea, a 30 años de Italia ’90: “En un momento me explotó la cabeza, imaginate si me pasaba eso ahora con tanta tecnología”

​Lo cuenta siempre Juliano en cada entrevista: «Jugué más de 500 partidos para el Napoli, pero siempre seré recordado por traer a Diego. Cambió nuestra historia para siempre». No sólo será recordado por eso: también disputó tres Mundiales para Italia y fue finalista en México 1970 ante el Brasil de Pelé y tantos cracks.

El árbitro de la final de Italia 90 ataca a Maradona: "Es de las peores  personas que conocí en mi vida" | Marca.com

Es cierto: desde entonces, nada fue igual para ese equipo y para esa ciudad. El escritor Vittorio Dini lo expresó alguna vez: «Le devolvió el alma al equipo y a una ciudad que lo adoptó. Pero no era casualidad: Diego es napolitano, tiene alma napolitana«.

Seguidores del ex futbolista argentino Diego Maradona celebran su ciudadanía honorífica de Nápoles en 2017.
Foto: EFE

Seguidores del ex futbolista argentino Diego Maradona celebran su ciudadanía honorífica de Nápoles en 2017. Foto: EFE

Según retrata el muy buen documental Ciudad de Diego, de ESPN, pensadores e intelectuales de la Facultad de Sociología de Nápoles se reúnen para analizar el fenómeno del Diez y la ciudad. El rol del héroe reivindicador de los rezagados, de los postergados, del Sur que Italia siempre olvidaba. «¿Ahora se acuerdan de Nápoles?», gritó Diego justo antes de las semifinales del Mundial de 1990. Dividió a un estadio y a una ciudad.

Massimo Vignatti, una de sus personas más cercanas en los días de gloria para el equipo que se vestía de celeste, lo dijo: «Los napolitanos no podíamos ir en contra de Diego. Nunca. Él era nosotros. Como un hermano». En la casa de Massimo, la madre le preparaba frecuentemente a Diego sus comidas favoritas. Ahora, en la habitación más grande de esa casa hay un museo dedicado al crack universal.

Es el único dorsal retirado por el club.

Aquella iniciativa nacida del diario Il Mattino fue aceptaba y homologada por clamor popular. También por el propio protagonista involucrado. Dijo Diego entonces: «Más que un regalo, lo considero un reconocimiento por aquel fútbol, por aquellos éxitos y porque yo también me siento napolitano al haber compartido con ustedes uno de los períodos más felices y afortunados de mi vida».

No exageraban esas palabras de Maradona. Diego había sido el más napolitano de los napolitanos en aquellos días de los 80 y de principios de los 90. Había sido más: estandarte, superhéroe, crack insuperable, artista, rey, inspirador, estrella. En fin, San Diego de Nápoles.

Pobre Brasil

Brasil vs Argentina, Italia 90

ue el Diego los gambeteó, que el ‘Cani’ los vacunó, que están llorando desde Italia hasta hoy…». Los argentinos no olvidan y siguen recordándole a Brasil con cánticos aquel partido que significó el pase a los cuartos de final del Mundial de Italia 90. Pero más allá de eso, este encuentro estuvo lleno de polémica por una posible trampa. Aquí les contamos la historia.

El ‘todo vale’, la ética en el deporte y el juego limpio se vieron señaladas en este partido. Para unos, fue un acto desleal, para otros una avivada. El caso es que corría el minuto 39 de un encuentro complicadísimo donde Brasil se cansó de atacar y poner contra las cuerdas al equipo argentino, que se salvó varias veces gracias a los palos y al arquero Sergio Goycochea.

El marcador brasileño Ricardo Rocha le cometió una falta a Pedro Troglio, que se quedó tirado en el piso. Acto seguido Raúl Madero, el doctor, y Miguel Di Lorenzo (Galíndez), masajista y utilero, entraron al terreno para asistir al jugador. Ellos, con una hielera donde tenían bebidas, se acercaron a Troglio, quien miraba lo que pasaba.

El tobillo y llanto del 'Diego', las postales de la final 'arrebatada' a  Argentina - Infobae

La leyenda dice que en la cubeta había dos tipos de botellas: unas tenían agua mineral para los jugadores argentinos que con sed, y las otras contenían una bebida que supuestamente llevaba somnífero para los brasileños.

El hecho es que varios futbolistas argentinos se acercaron a beber, y uno de los brasileros los miró y preguntó si podía tomar, este era el lateral izquierdo Branco. El jugador de la ‘verdeamarela’ bebió, según se puede observar en las cámaras, del bidón de agua verde, mientras que los de la ‘albiceleste’ tomaban de uno transparente.

Después contó el propio Branco que no se sintió para nada bien en el resto de ese partido, ya que estaba un poco débil y mareado. Galíndez, el utilero argentino, le contó a la prensa lo que pasó después: «Era agua y nada más, tomó Carlitos Giusti también, ¿a él que le pasó? Nada. Yo lo hablé con él. Me dijo: ‘Usted me ha envenenado’. Y yo le respondí que era mentira, que era agua, que nunca había tomado un agua más limpita que esa», aseguró.

Carlos Salvador Bilardo, técnico de Argentina en esa época y supuestamente el autor intelectual de lo ocurrido, siempre ha negado lo que pasó. «No tengo nada qué ver. No pasó nada, tenían sed, fueron y tomaron agua, chao y ya está», dijo el ‘narizón’.

Sin embargo, el propio Diego Maradona recordó la historia del‘bidón de Branco’ en un programa de televisión argentino, y confesó que después de eso el lateral no podía casi ni caminar.

El partido continúo así, sin que nadie supiera qué había pasado en realidad. Brasil siguió atacando, y Argentina se salvaba. Hasta que al minuto 80′, a diez del final, Maradona se inventó una jugada de la nada desde el centro de la cancha, gambeteó a varios brasileños y cayéndose le dio un pase a Claudio Paul Caniggia, quien quedó mano a mano con el arquero Claudio Taffarel. El atacante ‘gaucho’ engañó al portero y quedó solo para definir y marcar el 1-0 final que sentenció la eliminatoria.

Batacazo. Argentina, siendo mucho menos en la cancha, eliminaba a una gran Brasil, que pecó al no poder definir el partido y terminó pagando su eliminación. Por otro lado, la ‘Albiceleste’ siguió viva hasta que llegó a la final del Mundial, instante donde cayó ante Alemania por 1-0.

Fuentes; EL Gráfico, Clarín, Diario Olé, Mundo Deportivo, Nuevo Estadio, RADAR DEPORTIVO, ARCHIVO, TyC.

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