25 de noviembre de 2020

Maradona; Amado y Odiado pero sin duda genio

Capitulo IV; Los regresos; Sevilla, la «lepra», la Selección … y Boca

Diego Maradona y su año de la pelotita de plata en el Sevilla

El astro argentino jugó en Nervión durante la 92-93. La euforia de aquel gran fichaje se quedó en detalles y malabarismos y en una enorme decepción final

El Sevilla disfrutó una temporada, la 92-93, de Diego Armando Maradona. Un año con Simeone y Suker, con Monchi y con Carlos Salvador BIlardo como técnico.

Carlos Salvador Bilardo creía que su binomio con Diego Armando Maradona podría crear en LaLiga un milagro todavía mayor al que ambos protagonizaron para Argentina con México-86.Por eso, El Narigón insistió en 1992 en el fichaje de su compatriota, justo después de que éste cayera a los infiernos de Nápoles cuando el doping le cazó inevitablemente por consumo de cocaína y sufrió una dura sanción por ello. Pasada la treintena, aquel futbolista que fue imparable intentaría resucitar su mejor versión de regreso a LaLiga, donde ya había militado con el Barcelona temporadas antes de convertirse en el ídolo de San Paolo.

Un fichaje, más que un parto. Hasta el entonces secretario general de la FIFA, Joseph Blatter,intervino para que Maradona acabara en Nervión después de muchas negociaciones, al principio fallidas, que protagonizó el presidente sevillista Luis Cuervas. Diego llegó y Bilardo soñó con que El Pelusa sería «el hombre que llevaría al Sevilla a la gloria» en un equipo que contaba con dos cracks de la talla de Diego Simeone y Davor Suker, que acabarían posteriormente en Atlético y Real Madrid; con internacionales como Diego Rodríguez, Manolo Jiménez o Rafa Paz y hasta con Monchi, el actual director deportivo sevillista, como uno de sus porteros.

La aventura maradoniana no pudo comenzar mejor, con El Pelusa hecho una sílfide, cuentan las crónicas de la época que llegó a perder hasta 10 kilos. Diego, de penalti, marcó el gol con el que el equipo blanquirrojo derrotó en Nervión al Zaragoza a principios de octubre. El partido sin embargo, será recordado por un momento que define mejor que ningún otro la estancia del astro de Villa Fiorito en la capital del Guadalquivir. Antes de un córner, alguien de la grada lanzó una pelota de papel de plata. El argentino tomó la bolita y empezó a hacer malabarismos con ella, ajeno durante segundos al devenir del partido. Nervión alucinaba.

¿La selección rompió el idilio?

Hubo euforia en los inicios, buen fútbol y puestos europeos durante algunos meses y decepción mayúscula al final de temporada, después de varios encontronazos entre el club y el divo, que en febrero fue convocado por Argentina tras cumplir su sanción para unos amistosos ante Brasil y Dinamarca. El Sevilla no quería dejarle marchar al encuentro ante los nórdicos pero Maradona hizo caso omiso y se escapó, arrastrando en su huida por cierto a su compatriota un joven Simeone. El club expedientó a ambos y la relación nunca fue ya la misma. Diego engordó, aparecía cada vez menos por los entrenamientos. El Sevilla le llegó a poner hasta un investigador privado para que destapara, la cabra tira al monte, no pocas andanzas del 10 en la noche hispalense. Muchas de ellas permanecen aún bajo la llave de secreto.

Un empate ante el Burgos (1-1) fue su último encuentro en el Sánchez Pizjuán. Maradona se machó a comienzos de la segunda mitad mientras maldecía a Bilardo. Había metido cinco goles. El club de Nervión terminó séptimo, sin Europa y por supuesto sin ese título en el que había confiado tanto Bilardo. Pero el Sevilla, Monchi lo reconoce muchas veces, puede presumir de haber tenido en sus filas al «genio del fútbol mundial».

La selección vuelta a principios del 93

Maradona fue convocado para un par de partidos a inicios de 1993; Brasil y Dinamarca, el Diego quería ser el mismo que con Napoli hacía esos dobles viajes transatlánticos en menos de 15 días, existían dos problemas ahora para ello, ya no tenía 24 años y que Sevilla estaba centrado en otros objetivos que los que guardaba Napoli en 1985, total Diego los volvió hacer como en el 85, jugó «igual» con los dos, con el que le pagaba y con el que siempre le tuvo lealtad y amor, pero después de eso vinieron los problemas ya descritos, Maradona bajó un poco su forma física (o tal vez mucho) y el «Coco» no lo llevó a la Copa América de Ecuador 93 pero lo espero hasta última hora, obvio que al finalizar la Copa el 4 de Julio venciendo a México en la final y a un mes del primer partido contra Perú por Eliminatorias a USA 94 tampoco Diego estuvo en nomina, de hecho siguió más a Uruguay en esas eliminatorias dicho por él mismo en su momento.

Argentina con largo invicto, arranca la eliminatoria venciendo a domicilio 0x1 a Perú y a Paraguay 1×3, llegó el 15 de agosto del 93 en el Metropolitano de Barranquilla y el invicto de poco más de de 30 partidos se fue a la nada Colombia muy superior venció con claridad en el terreno a la Argentina aunque la pizarra solo marcó un 2×1, este encuentro debió terminar en goleada de escándalo y no el que se dio tres semanas después en el Monumental., todo parecía igual que en casa sin necesitar al mejor de todos la albiceleste llegaría a la tierra del Tío Sam, nada que ver el triunfo ante Perú fue un espejismo, luego vino un empate a cero ante Paraguay y luego el 5 de septiembre de 1993 Argentina solo tenía que vencer a Colombia y clasificaba pero a los «PachoBoy’s» les salió todo esa noche y el 0x5 fue lapidario y todo el monumental coreó Maradoooo, Maradooo Maradoooo

La única vez que Argentina jugó un repechaje

La estrepitosa derrota ante los Cafeteros condenó a tener que jugar ante Australia y se concluyó en que era momento de dejar atrás las diferencias de un grupo dividido para no quedarse afuera de la Copa del Mundo. El pedido por el regreso del Diez fue prácticamente unánime

Regresó, resolvió sus diferencias con algunos viejos referentes en una reunión con Ruggeri en la que «se arregló todo en diez minutos», según reveló después, y viajaron al país oceánico, lugar que el conjunto nacional visitaba por segunda vez en su historia.

El 31 de octubre casi todo el país se levantó temprano a la mañana para ver qué sucedería con la Selección argentina. La vuelta de Diego fue una inyección de adrenalina para un equipo que no jugó nada bien, pero que con algunos toques del mejor del mundo se llevó un empate. El gol lo hizo Balbo de cabeza tras una gran escalada y un perfecto centro de Maradona por derecha. Sin embargo, Vidmar igualó las acciones unos minutos después y sentenció el 1-1.

El desahogo llegó dos semanas después, con el triunfo por 1-0 con un tanto de Batistuta y la consecuente clasificación al Mundial.

El rival fue Australia, que dejó en el camino, en una instancia previa, a Canadá por medio de los penales (4-1). No se podía especular más ni arriesgar la clasificación y el pedido para que Maradona juegue esos encuentros fue unánime.

Doce días de entrenamiento, doble turno y Don Diego Maradona, como algo más que un padre. El hombre bonachón ponía manos a la obra, mientras su hijo ilustre corría sin parar, corría de día y de noche, corría contra el ocaso. Don Diego se especializaba en las comidas. En pollo y cordero a la parrilla, generalmente acompañados por verduras y frutas, sin gaseosas, con abundante agua y, por las noches, una copa de vino.

«Es cierto que las comodidades eran básicas, pero esa era nuestra idea. Diego era adicto a la televisión y en el campo había un televisor chiquito blanco y negro, con un solo canal, que se veía todo nevado. Cuando vio eso fue cuando me dijo ‘a dónde me trajiste’, y yo le contesté ‘a Fiorito’, porque fue como un viaje al pasado de Diego», recordó, semanas atrás, el preparador físico, que en su cuenta de twitter resume parte de su vida: «Preparador de Futbolistas. Más de 10 años junto al 10».

La intensidad de la preparación

Tenía que volver a ser, luego de algunos desplantes; debía liderar a un seleccionado agobiado por la presión luego de superar el repechaje con Australia. Al que había llegado luego de la goleada por 5-0 que Colombia le propinó a la selección en el Monumental, un partido que Diego había seguido (y sufrido) desde la platea. «La selección es alegría y sufrimiento. La historia no nos falló. ¡Estamos en el Mundial!», contó el N°10, el 17 de noviembre de 1993, luego del triunfo por 1 a 0 en la cancha de River, con gol de Gabriel Batistuta.

El entrenamiento de Diego en La Pampa: un poco de natación

En un vuelo de Austral, Diego llegó a La Pampa el 10 de abril de 1994. Arropado, como siempre, con un equipo deportivo con los colores de la selección, fue recibido por cientos de pampeanos en el aeropuerto doméstico; se habían enterado horas antes de su arribo. Signorini y Don Diego ya estaban: supervisaron antes las salas de la reconstrucción. Maradona llegó con Marcos Franchi, su representante, y un reducido número de colaboradores. Sonrió, saludó a los pampeanos («esta es mi gente», se entusiasmó) y subió a una Mercedes Benz rural color bordó.

En la entrada, nomás, Diego lanzó la pregunta, matizada de siete palabras. Fue como un regreso a su infancia, del oro al barro. Angel Rosa era el dueño del campo. Diego lo conocía: había charlado con su familia en una playa del sur bonaerense, poco concurrida: el balneario Oriente, en el partido de Coronel Dorrego, en la provincia de Buenos Aires. Un reducido paraíso, de arenas amplias, ventoso, para los amantes de la caza y la pesca. Lo invitaron y el Diego cordial y campechano, aceptó.

Diego recibido por el gobernador Marín en Santa Rosa
Diego recibido por el gobernador Marín en Santa Rosa Fuente: LA NACION – Crédito: Diario La Arena

Mi corazón dice que yo voy a jugar el Mundial, tengo una ilusión muy grande. Soñaba que hacía el primer gol contra Grecia y que venían a abrazarme Dalma y Giannina… fue un sueño muy lindo Diego Maradona

«Esos días, en ese lugar, junto a amigos de la familia que habían viajado, recordaban sus tiempos de Fiorito, sus luchas, y todo eso lo ayudó. Fue duro el primer día, pero después lo disfrutamos mucho», contaba Signorini. Maradona fue una celebridad en el desierto: todos sabían que estaba, nadie sabía qué hacía. Corría en la cinta, corría sobre el césped. Corría y lloraba. Caminatas en el campo, boxeo a cielo abierto, picados con lugareños y empleados entusiastas (un atrevido le gritó una vez que el balón había salido de la canchita, a lo que Diego le contestó: «¿qué fuera? ¡las pelotas!») y hasta el uso de la fuerza con un serrucho sobre diversas superficies. Debía bajar de peso, debía recuperar la potencia. La magia nunca se había ido.

Cuando se quitaba la de la selección, se vestía con una remera de básquetbol, con la leyenda de Michael Jordan en la espalda. «Yo estoy haciendo un intento para llegar al Mundial. Es lo que me sostiene hoy. Pienso en el Mundial, quiero estar», repetía. La política siempre estuvo demasiado cerca: el viernes 15 fue recibido por el gobernador Rubén Marín -fue cuatro veces gobernador de La Pampa, hoy tiene 85 años, es el presidente del PJ local, y una frágil salud- quien en la charla le reveló que tenían tres pasiones en común. «Venimos de abajo; somos bosteros y amigos de Fidel (Castro)», habría asegurado. Diego no se instaló las 24 horas de los 12 días en la estancia, ya que no lo habría soportado: iba y venía el puñado de kilómetros hacia Santa Rosa, para hacer guantes. El boxeo fue clave en la preparación y se subía al ring con Miguel Angel Campanino, símbolo de La Pampa, parte inoxidable de una era romántica del boxeo y alguna vez rival del noqueador mexicano Pipino Cuevas. Y Diego también hacía natación en la pileta cubierta de All Boys, un club que se nutre del básquetbol.

Maradona se presentó en los Estados Unidos a los 33 años, convertido en una escultura futbolera, maquillada en esos días de ciudadano ilustre en La Pampa. Después, pasó lo que pasó. La efervescencia, primero. Las lágrimas. después. «No quiero dramatizar pero creeme que me cortaron las piernas. No corrí por la droga, corrí por el corazón y la camiseta. Juro por mis hijas, que son la fuerza que me trajo a este Mundial, que yo no me drogué, que yo no tomé ninguna sustancia como para que la FIFA me deje afuera de este Mundial», aseguró.

«Yo fui testigo del esfuerzo brutal de un adicto para pelearle al síndrome cuando aparece. Lo recuerdo con mucha emoción. Fue una prueba de carácter y de amor por el fútbol» Fernando Signorini

La revista Goles, un símbolo del periodismo deportivo de otra era, contó la intimidad de los días pampeanos con una portada histórica, compartida por Alfio Basile, Diego y Claudia. El DT tomaba un mate, rodeado de sándwiches de miga y sonrisas. «Tranquilo Coco que llego para el Mundial», fue el título. La Copa fue un suspiro maravilloso y traumático.

Recordemos como llegó a «LA LEPRA»

n poco excedido de peso, el pelo largo y el talento escurridizo, esporádico. Diego Maradona frota la lámpara y el genio se desvanece el 13 de junio de 1993, el capítulo final de la aventura en Sevilla, prólogo de esta historia. Van 8 minutos de la segunda parte, mezclado en un desabrido 1-1 frente a Burgos, un partido de la Liga de España. Fastidioso, enérgico, arroja sobre el césped el brazalete de capitán, después de infiltrarse en el entretiempo, cuando Carlos Bilardo decide sacarlo de la escena. Maradona se va directo al vestuario, luego a la casa, luego al aeropuerto rumbo a Madrid, luego a Buenos Aires. Pero antes le arroja su ira sobre esa suerte de padre futbolero. «¡Hijo de puta! ¡La puta madre que te parió!», vocifera. Tiempo después, se dice que dijo: «Sevilla, nunca más. Es más, tengo más ganas de largar el fútbol que de volver a jugar. ¡Nos vamos!», le advierte a Claudia, su mujer.

Angustiado, nervioso, el Narigón enfrenta los micrófonos con temor. «Cuando Diego me diga algo a mí, vamos a hablar. Sólo vi que le dolía la rodilla», suscribe. «Se hizo todo para poder ganar.», aclara, por si hiciera falta mencionarlo. Años después, en una charla con El Gráfico, el exDT recuerda con asombro aquellos días y noches. «En la cancha no me di cuenta. A la noche, en la televisión, veo que me putea cuando lo cambio. El martes a la mañana, cuando llegué al entrenamiento, les dije a los muchachos: ‘Hoy hacen la parte física -era la primera vez que hacían la parte física una mañana-, yo me quedo acá paradito, mirando’. Esperaba a Diego. Después, me fui a la casa. No estaba, había ido a Madrid. Lo cuento porque ya lo contó él, eh. Y nos peleamos, nos agarramos a las trompadas. Enseguida, Claudia y Franchi nos separaron. Pero esos días, entre domingo y martes, no dormí».

En realidad, a Bilardo le costó siempre dormir cuando era entrenador. Meticuloso, conservador, detallista: un mundo lo separó siempre de Diego, libertario dentro y fuera de la cancha. A diferencia del Doctor, Maradona siempre necesitó el cobijo del sentimiento, arroparse en el corazón de la gente. La pelota nunca fue lo más importante: es una estrella mundial que subsiste con el calor, la adoración de sus fieles. Algo de eso disfruta hoy, en Gimnasia LP, como DT. Algo de eso intentó disfrutar en su intenso y breve amor en Newell’s: cinco partidos oficiales, ni un solo gol.

Jorge Raúl Solari tenía una idea imposible: contratar a Diego. Sin club y con el deseo irresistible de vestirse otra vez de selección -el Mundial de Estados Unidos era un proyecto a largo plazo-, Maradona escuchaba ofertas. Argentinos, su primer amor. El San Lorenzo del Bambino, una sociedad que le seducía. El Indio era amigo de Ricardo Giusti -había sido su DT en Newell’s y en Independiente- y tenía cierta cercanía con Marcos Franchi, su representante. Y comenzó el operativo «seducción».

La ruta Buenos Aires-Rosario fue una pista de velocidad y adrenalina en esos días. Salían a las 8 de la mañana, se reunían, discutían y volvían a las 21, dos, tres veces a la semana. El Indio debió cambiar los horarios de los entrenamientos: las prácticas empezaban a las 6. Cuenta la historia que los referentes estaban un poco molestos por esta situación. Querían saber qué pasaba, verdaderamente. Entonces, Solari se reunió con el Tata Martino y el Gringo Scoponi y les dijo que Maradona (sí, Maradona) estaba a punto de firmar. Los dirigentes no sabían nada. En los diarios, sólo se mencionaba a los Bichos de la Paternal, al Ciclón y algún destino incierto del exterior, como hipótesis. Pero no: iba a ser del Parque.

Diego Maradona en la entrada en calor para el amistoso de presentación con Emelec
Diego Maradona en la entrada en calor para el amistoso de presentación con Emelec Crédito: Twitter

Solari ensayaba tácticas -Newell’s no andaba de maravillas, tiempo después de Marcelo Bielsa-, mientras hacía números con Franchi. La ecuación fue simple: iba a ganar un 40 por ciento más que Martino, el mejor pago del plantel. Y contratos por partidos amistosos en el exterior, y posiblemente ser parte de los siguientes partidos de verano, por ese entonces, de valor superlativo.

Giusti lo asumió: «El Indio me pidió una reunión con Diego y entonces, yo llamé a Franchi. Se entusiasmó, sobre todo por la posibilidad de ver la cancha llena todos los domingos, sentir ese afecto. Fue una revolución». Las cumbres se hacían en un departamento que Diego tenía sobre la Avenida del Libertador.

«Y Diego habló con su representante y le dijo que quería que les dieran un buen premio a los muchachos. Si para ese entonces a los jugadores se le daban 1000 pesos por partido, habría que darle 2000. Los dirigentes aceptaron inmediatamente todo, porque el contrato era una papa. Lo que Diego quería era ponerse en forma, estar en un equipo para poder participar en el próximo Mundial», sostuvo Solari tiempo atrás.

El cariño de la gente fue siempre un motor en su vida
El cariño de la gente fue siempre un motor en su vida Fuente: LA NACION

Predecesor de Eduardo López, Walter Cattaneo, el presidente, no quería saber nada. Pero Diego ya estaba en camino. El aeropuerto fue un desborde. Como siempre, estaba acompañado por su padre, su mujer y Dalma y Gianinna. El 9 de septiembre de 1993 firmó su contrato y el lunes 13 fue presentado en una práctica abierta a la que asistieron 40.000 personas. Parecieron, al menos, 10.000 más.

La fecha había sido todo un símbolo: una semana después del derrumbe de la Argentina en el Monumental. El 5-0 de Colombia, el ballet de Valderrama y Asprilla. Habían pasado 8 años, 10 meses y 8 días para que Diego volviera a la Argentina. Fue una suerte de terremoto que excedió a Newell’s: hasta hubo hinchas con banderas de Central en aquella presentación, imposible de imaginar en estos días.

Mientras se calzaba los botines, ofrecía el corazón, como tantas otras veces. Rosario siempre estuvo cerca. «Son los últimos años de mi carrera. Entonces, lo quiero hacer de la mejor manera. No quiero robarle la plata a nadie. Si algún día ven que no puedo dar todo lo que puedo dar, les doy la mano y seguimos tan amigos como antes. Pero estoy enchufado como nunca», contaba. Era otro: el paso por Sevilla parecía un espejismo. Al final, Newell’s fue un hermoso, un imprescindible paso en falso.

«Vino el Indio y me dijo: ‘Acá plata no hay, pero que te vas a sentir bien, te lo garantizo’. Miré el contrato con la Claudia -estábamos juntos en ese momento- y lo primero que me impactó es el calor que tiene Rosario, se respira fútbol. Llegué viejito, con achaques. La primera práctica fue parecida a la recibida que tuve en Napoli. Fue única. Me acuerdo del Tata, que ya era el técnico adentro de la cancha», recordó, vestido con la camiseta de Newell’s, en la terraza de un hotel, en septiembre de 2013.

El debut fue en un amistoso contra Emelec, el 7 de octubre, en un Coloso desbordante. Estaban todos: hasta Lionel Messi, de 6 años, en un costado de la tribuna. «Era chiquito, pero me acuerdo todo. No lo podía creer», contó, largos años después. Un gol de derecha fue la obra perfecta: lo abrazaron los compañeros, los suplentes, los allegados, hasta los fotógrafos que ingresaron en el campo de juego, para inmortalizarlo.

No era el Mundial lo que quería Diego: pedía afecto a gritos. Los jugadores de Emelec se pelearon entre ellos para intercambiar sus camisetas, pero no hubo caso: Maradona se la tenía prometida a Fidel Castro. «Ya he pasado por varias de éstas, pero nunca me emocioné como hoy. Mi regreso, el gol y todo lo que yo pueda hacer se lo voy a dedicar siempre a los hinchas del fútbol argentino, los que siempre estuvieron conmigo, sin condiciones», contó esa noche, casi, casi, al borde del llanto.

Independiente, Belgrano, Gimnasia, Boca, Huracán. Y el 26 de enero de 1994, se despidió en un amistoso con Vasco da Gama. Se presentó en Avellaneda, en una derrota por 3 a 1 contra los Rojos, que corearon su nombre, una bienvenida que necesitaba, por el sentimiento de cuando era un niño en Villa Fiorito y por el impulso que sostenía hacia el futuro.

Diego Maradona y el reconocimiento del público de Independiente: un jugador del paladar Rojo

Vuelve a Boca no podía ser otro

El 7 de octubre de 1995, Diego Maradona volvía a Boca con un novedoso mechón amarillo en su cabeza. El 10 venía de cumplir 15 meses de inactividad oficial a raíz de la suspensión que le había impuesto la FIFA por el doping positivo en el Mundial de Estados Unidos de 1994.

La suspensión le impidió a Maradona jugar pero no dirigir, de modo que primero se puso el buzo de DT de Mandiyú de Corrientes y luego el de Racing de Avellaneda.

Se cumplen 20 años del regreso de Maradona a Boca.

Ese día Pelusa volvió a ponerse los cortos, la camiseta azul y oro y la cinta de capitán que lo habían cautivado 14 años antes, cuando en 1981 brilló en la obtención del torneo Metropolitano. Las serpentinas, los globos y las bengalas de humo se hicieron notar cuando el 10 se asomó por el túnel. El mensaje era claro: la Bombonera se rendía nuevamente a sus pies.

«Gracias genio por volver«, rezaba una de las tantas banderas que desplegaron los 50.000 fanáticos que se acercaron al mítico estadio de la Ribera para guardar el histórico episodio en sus retinas. 

Se cumplen 20 años del regreso de Maradona a Boca.

La recepción fue pura fiesta y emoción, sobre todo porque su mánager y amigo, Guillermo Cóppola, le tenía preparada una sorpresa especial en el campo de juego: sus hijas Dalma y Giannina salieron de un paquete que tenía un cartelito que decía «Gracias Papá» y provocaron una sonrisa de oreja a oreja en el 10.

En cuanto a lo futbolístico, Boca se impuso por 1-0 con un gol anotado por Darío Scotto en el minuto 89, con un soberbio golpe de cabeza tras un centro de Cristian ‘Kily’ González.

Aquella tarde, Boca formó con Carlos Fernando Navarro Montoya; Diego Soñora, Fernando Gamboa, Néstor Ariel Fabbri, Carlos Mac Allister; Julio Saldaña, Fabián Carrizo, Cristian González; Maradona; Sergio Martínez y Caniggia.

En el segundo tiempo ingresaron Walter Pico por Saldaña y Scotto por el ‘Manteca’ Martínez.

Colón, que regresaba a Primera División tras un periplo de 14 años en el ascenso, era dirigido por Enzo Héctor Trossero y formó con Leonardo Díaz; Hugo Benjamín Ibarra, Horacio Ameli, Mario Sciacqua y Dante Unali; Julio César Toresani, Ricardo Kuzemka y Marcelo Saralegui; Claudio «Turco» García, Víctor Muller y Antonio Vidal González.

La campaña de Boca ese año fue buena, hasta que en la recta final el equipo dirigido por Silvio Marzolini protagonizó una debacle que dejó el Apertura en manos de Vélez, que alzó el título con 41 puntos y le sacó seis de diferencia, junto a Racing y Lanús.

Diego continuó en Boca hasta que se retiró, también en octubre, pero de 1997, en el estadio Monumental ante River.

Esa vez Diego no salió a jugar el segundo tiempo del partido que el xeneize ganó 2-1, con goles de Martín Palermo y Julio César Toresani, el ex rival a quien invitó a pelear en «Segurola y Habana» y que luego fue compañero en la recta final de su carrera.

La temporada 1996

La nueva temporada se inició con Torneo Clausura 1996, y comenzó con problemas, debido a que la comisión directiva del club había decidido contratar a Carlos Bilardo como director técnico. Como consecuencia de la pelea que tuvieron en el Sevilla, Maradona amenazó en un principio con irse del club si Bilardo asumía el cargo, pero luego decidió apoyarlo.

Otro de los problema que tuvo Maradona en Boca Juniors con la dirigencia, fue cuando el presidente del club en ese momento, Mauricio Macri quería reducir las primas que se otorgarían al plantel en el caso de que no se cumplieran los objetivos deportivos. A pesar de esto, Boca llegó a pelear por el título pero perdió todas las posibilidades luego de perder contra Racing Club por 1 a 0. Diego había errado su quinto penal consecutivo en el en ese partido.

El 11 de agosto de 1996 Boca jugó contra Estudiantes de La Plata por la penúltima fecha del Torneo Clausura y vuelve a caer por 2 a 1 y el  equipo volvía a no tener posibilidades de ganar el torneo. Tras esa derrota Maradona se alejaría de los estadios y regresaría recién 11 meses después. El campeonato fue ganado por Vélez Sarsfield, mientras que Boca solo consiguió el quinto puesto.

En una de las derrotas de Boca de esa temporada, hubo un bochornoso hecho en la cancha de Velez, donde ese día el local no solo derrota a Boca por 5 a 1, sino que el partido termina en un escándalo con Maradona, Fabrri y Mac Allister expulsados por el lado de Boca, y un gol no tan claro que convalida el línea para Velez. El Arbitro ese día fue Javier Castrilli.

Temporada 1997: Último regreso de Diego a las canchas

El 21 de abril de 1997 firmó el contrato que determinaría su continuidad en Boca Juniors, cuya conducción técnica se encontraba a cargo de Héctor Rodolfo Veira, contratando a Ben Johnson como preparador físico ya que necesitaba ponerse en forma

Su regreso se produjo el 9 de julio, contra Newell’s Old Boys. El 24 de agosto jugó el partido en el que Boca derrotó a Argentinos Juniors por 4 a 2. A pesar de encontrarse habilitado para jugar, en un partido frente a Colo-Colo de Chile por la Supercopa sufrió una lesión que lo mantendría en inactividad durante varios días, Diego jugó tan solo 45 minutos, siendo la única ocasión en toda su vasta carrera que jugara un partido por un torneo oficial organizado por la Conmebol.

Al poco tiempo volvió a jugar un par de partidos más, hasta que llegó el el 25 de octubre de 1997, fecha en la que jugó su último partido oficial, despidiéndose con una victoria por 2-1 frente a su eterno rival River Plate de visitante.

Fuentes; Clarín, La Nación, Archivo personal, Radar Deportivo, Nuevo Estadio, El Gráfico

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