Madrid ni se despeinó y ZZ sigue afinando la orquesta de cara la UCL

Hay algo misterioso, como una melatonina del fútbol, que regula el funcionamiento de los equipos. Sus ciclos, sus ritmos circadianos. Tienen subidas y bajadas, oscilaciones en su rendimiento. Como diría Pla que decía Montaigne: el fútbol es ondulante. Después de estar muy bien, el Madrid se puso muy mal, y ahora empieza a mejorar otra vez. Con Carvajal y Kroos volvió el 4-3-3 y una solidez de la que el equipo pareció querer disfrutar. Salió atento y junto, elemento importante en el zidanismo ese “estar juntitos”.

FICHA DE PARTIDO

Estadio: Estadio Alfredo Di StéfanoReal Madrid

  • 1 Courtois
  • 5 Varane
  • 23 Ferland Mendy
  • 6 Nacho
  • 2 Carvajal
  • 14 Casemiro
  • 10 Modric
  • 8 Kroos
  • 20 Vinicius Júnior
  • 9 Benzema
  • 11 Marco Asensio

Valencia

  • 1 Jaume
  • 14 Gayá
  • 6 Francisco Reis Ferreira
  • 2 Thierry Rendall Correia
  • 5 Gabriel
  • 7 Goncalo Guedes
  • 18 Daniel Wass
  • 19 Uros Racic
  • 8 Carlos Soler
  • 21 Manu Vallejo
  • 22 Maxi Gómez
  • Banquillo
  • 22 Isco
  • 17 Lucas Vázquez
  • 30 Sergio Arribas Calvo
  • 26 Diego Altube
  • 24 Mariano
  • 35 Miguel Gutiérrez
  • 32 Victor Chust
  • 13 Andriy Lunin
  • Banquillo
  • 16 Alejandro Blanco
  • 20 Kang-In Lee
  • 10 Christian Oliva
  • 3 Lato
  • 4 Mangala
  • 9 Gameiro
  • 30 Yunus Musah
  • 11 Patrick Cutrone
  • 23 Jason
  • 25 Cristian Rivero
  • Goles
  • Benzema 11′
  • Kroos 41′

Árbitro: José María Sánchez Martínez

El Madrid, por tanto, perseveró en el recuperado “unocerismo”, lo mejor del curso pasado, y le añadió algunas cosas másante un Valencia decepcionante, incompareciente, que durante la primera parte no provocó ninguna intervención de Courtois. Ningún movimiento en el portero, ni siquiera ocular. Ni chutaron, ni se acercaron.

Los primeros diez minutos del partido fueron de carburación. Casemiro apuntalaba la defensa y se emitían centros lastimosos, tristes incluso desde el lateral derecho de Carvajal. Centros penosos, perezosos. A todo se le llama centro, pero no es lo mismo un centro desde la línea de fondo que desde la línea del mediocampo.

Ese pequeño titubeo con el sopor lo resolvió Benzema con una acción casi juvenil. La recogió de Kroos en una semicontra en el lugar de Vinicius, que le hizo sitio (completamente subordinado ya). Era el inicio de la diagonal que tan bien trazaba de joven en el Lyon: controló, fijó la diana telescópica en el poste y marcó con un tiro de elegante curva rasa.

El 1-0 llegaba por la zona más densamente poblada del Madrid. Allí parte o quiere partir Vinicius, allí llega Benzema y hacia allí mira Kroos, que movió al Madrid como una cuna.

Hubo unos minutos en los que el partido, como un avión antes de partir, pareció querer esperar al Valencia, una cortesía que el equipo naranja declinó.

Así que el Madrid siguió con la pelota, desde la metrópoli de la banda izquierda hasta el más allá de su derecha, donde Carvajal recibió un pase y se detuvo tras controlarlo con el muslo. Paró en seco y dejó el campo con nuevos problemas musculares. Entró Lucas y como aquel microondas que jugaba en los Detroit Pistons (Vinnie Johnson), fue entrar y comenzar a mandar pases y pases desde su banda.

La posesión del Madrid, indiscutida, empezó a añadir velocidad, se fue acelerando. Al “unocerismo” se le añadía un juego fluido, bien dirigido, variado, casi casi divertido. El Madrid, escarmentado, evitaba estorbarse en el centro, evitaba la parálisis del área, el ascensor atestado de la media luna, y flotaba de banda a banda intentando picar con tiros de media distancia. Un secreto de la elocuencia es saber acabar las frases y estos chuts son una alternativa a los finales de jugada balbuceante. El recurso al balón parado de los últimos tiempos daba paso al chut maduro: probó Benzema, probó Casemiro, lo intentó Modric y chutó Kroos, que marcó así el 2-0 en el 42, una jugada que resumía al Madrid como una superposición de capas: defensa de marca ajustada, larga combinación coral a buen ritmo, pase de Lucas y trallazo de Kroos como medio llegador. El gol cerraba la primera parte como un epítome.

El Valencia puso en el tapete lo que tenía, Musah y Gameiro, y empezó a atacar por fin. En el 52 chutó Maxi y paró Courtois. No habría más. La noble intención de ir a por el rival dejó espacios que comenzó a aprovechar aVinicius en los contragolpes. Supo cuándo aparecer el brasileño: tímido pero correcto en la primera parte; correoso y libre en la segunda, casi jovial otra vez. Le dio un gol a Mendy en el 63 que el VAR anuló por un pie. Al tono general del Madrid se sumó también Asensio con alguna buena acción.

Pasar del 3-0 al 2-0 pudo dar alguna esperanza al Valencia, aunque fuera por puro reflejo psicológico, pero el partido no se puso en discusión. Los cambios fueron una larga maniobra de distracción de media hora. Entraron jóvenes como Kang-In Lee o Arribas, el poeta romántico Isco y los nuevos fichajes del Valencia, con los que el partido se acercó un poco más a la idea que recordamos de una terminal de aeropuerto internacional. Ruido de trolleys. El desarraigo errante, cosmopolita y de coste cero que ha traído Peter Lim y su fútbol globalista.

Con los cambios, el partido se apagó como una fiesta de la que se van yendo poco a poco los presentes.

Cortesía ABC

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