20 de septiembre de 2021

Osaka por el camino de Serena, cuarto título de Grand Slam con 23 años

Naomi Osaka derrotó en las semifinales del Open de Australia a Serena Williams y la estadounidense tuvo la sensación de que había perdido contra su heredera, una adversaria a la que no podría batir. Por eso, dejó la puerta abierta a una pronta retirada.

Osaka tiene todo lo que tenía le mejor versión de Serena y lo demostró una vez más en la final que le midió hoy a Jennifer Brady y que cerró con un tanteo de 6-4 y 6-3, en 1 hora y 17 minutos. La japonesa, señalada por todos como la gran favorita, aguanta la presión como nadie. Ha decantado a su favor cuatro de los últimos nueve títulos de ‘Grand Slam’: dos veces en Melbourne y otras dos en Nueva York

Los otros cinco grandes han ido a parar a cinco tenistas distintas: Ashley Barty (Roland Garros 2019), Simona Halep (Wimbledon 2019), Bianca Andreescu (US Open 2019), Sofia Kenin (Open de Australia 2020) e Iga Swiatek (Roland Garros 2020).

Las dos finalistas aprovecharon que tenían el viento a favor para mantener sus primeros saques. Osaka le pega a la pelota como si le fuera la vida en el intento. Si pega parada no hay posibilidad de devolver sus golpes.

Su cara de póquer desespera a cualquiera. Lo vivió en sus carnes Garbiñe Muguruza en la ronda de octavos. Con 5-3 arriba en la manga de desempate, la española disfrutó de dos pelotas de victoria y su rival las neutralizó como si se tratara de un entrenamiento.

Naomi, la séptima que triunfa en Melbourne en la Era Open tras levantar bolas de eliminación, ha nacido para los grandes escenarios y la prueba de ello es que, de sus siete títulos como profesional, más de la mitad han sido en los ‘majors’. Al cuarto juego ya rompió el saque de Brady, que se las deseaba para agarrarse a la final.

Jennifer veía el vaso medio lleno. Había pasado en tres semanas de estar confinada 15 días en su habitación, por volar en un avión con positivos por coronavirus, a disputar su primera final de ‘Grand Slam’. Su mentalidad positiva le ayudó a devolver el ‘break’ inmediatamente después. La final había que jugarla.

Osaka, que vive pegada a las supersticiones, tocó su nombre en el pasillo de las campeonas que da acceso a la Rod Laver Arena. Había optado por la comida griega en lugar de la japonesa el día antes de derrotar a Serena y la misma jornada que Stefanos Tsitsipas superó a Rafael Nadal.

Brady se agarraba a una estadística: cinco de las últimas seis debutantes en una gran final se habían llevado la corona. Sólo falló la checa Marketa Vondrousosa en la tierra de París. La tenista de Harrisburg tuvo pelota para adelantarse por 5-4 desde la devolución. Su rival salvó la situación con una derecha ganadora marca de la casa y se anotó el parcial después. Es la diferencia que separa a las mortales de las verdaderas campeonas.

Había dado igual que Jennifer conectara derechas a más de 150 kilómetros por hora. Osaka defiende cuando toca y ataca cuando debe. Puso la directa con un tercer y un cuarto ‘break’ en el inicio de la segunda manga. En un visto y no visto, el resultado era de 4-0 para la joven nipona. La punta de velocidad de su primer servicio llegaba a los 197 kilómetros por hora.

La estadounidense no estaba dispuesta a irse con un rosco y atajó la sangría con una rotura en el quinto asalto.

La nueva reina de Australia, que no pierde desde el pasado 7 de febrero ante Sara Sorribes en la serie de Copa Federación, encadena 21 triunfos. Entre medias, dos abandonos en la final de Cincinnati y en las semifinales del Gippsland Trophy. Osaka ha ganado las cuatro finales de ‘majors’ disputadas, igualando la marca de Monica Seles. Su regularidad la ha llevado al número dos mundial. El presente y el futuro está en su raqueta, no en vano ha sumado un grande las últimas cuatro campañas. La última en encadenar esa racha fue precisamente Serena, con triunfos en 2014, 2015, 2016 y 2017.

Cortesía Marca

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