Jazz, Hawks y Sixers liquidan sus series y avanzan a semifinales de conferencia, mientras que Dallas toma de nuevo ventaja de visita

MIÉRCOLES, 2 DE JUNIO DE 2021
Philadelphia 76ers 129 Washington Wizards 112
(4-1)
S. Curry 30 pts / B. Beal 32 pts
New York Knicks 89 Atlanta Hawks 103 (1-4)
J. Randle 23 pts / T. Young 36 pts
Utah Jazz 126 Memphis Grizzlies 110 (4-1)
D. Mitchell 30 pts / D. Brooks 27 pts
Los Angeles Clippers 100 Dallas Mavericks 105 (2-3)
P. George 23 pts / L. Doncic 42 pts

Doncic es el elegido

El jugador esloveno firma 42 puntos, 8 rebotes y 14 asistencias para poner el 3-2 en la serie. Hardaway Jr. fue decisivo y Kawhi falló el triple final.

Hay talentos, talentos especiales, talentos muy especiales y talentos de época. Si el tiempo no termina colocando a Luka Doncic en este último grupo, las líneas temporales habrán cogido derroteros hasta ahora insospechables. El esloveno llegaba tras quedarse, siendo el líder anotador de los suyos, en 19 puntos en el último partido. En un martirio constante de dolor físico, mental y baloncestístico. Con un Kawhi Leonard de rostro impenetrable que no conoce el término piedad y un Luka que apenas podía girar su cuello, y su cuerpo, hacia la izquierda. No ha sido el caso en el quinto asalto. No ha sido el caso en un partido que puede marcar un antes y un después en la serie (100-105). No ha sido el caso cuando los genios tienen que aparecer. De nuevo, indefendible. De nuevo, el mayor monstruo de unos Clippers aspirantes a todo y que, cuando se encuentran con un Doncic en buen (más o menos) estado físico, se quedan en nada. Necesitó de ayuda, pero todas las leyendas la han necesitado en algún momento. Después de un recital de 42 puntos, 8 rebotes y 14 asistencias, tomó malas decisiones en los instantes finales. Errores que podrían haber costado muy caros de no ser por un Tim Hardaway Jr., de nuevo, como en el segundo partido, supremo en el clutch time, con un triple vital y, sobre todo, un rebote que dictó sentencia. Kawhi pudo empatar, pero Toronto no se hizo presente. Ni tocó aro. Ventaja para Dallas (3-2) y oportunidad de sentenciar.

El valor de la victoria estuvo presente desde ante de empezar. Las apuestas eran fuertes y el precio a pagar, caro, muy caro. Tensión desde el principio, intrínseca al momento, a lo vivido y a lo que queda por vivir en la serie. A tres minutos de finalizar el primer cuarto, falta flagrante de Marcus Morris a Maxi Kleber y empujón del segundo sobre el primero. Antes y después de la acción descrita, una constante: Doncic. 19 puntos al final del primer cuarto y ningún gesto de dolor. Ahí seguían las cintas kinesiológicas, pero todo era distinto. Tanto que, en 12 minutos, el base anotaba los mismos tantos que en el partido anterior. Y qué puntos. Marca de la casa, uno tras otro registrados como propiedad baloncestística. Step-back y triple para empezar, bandeja de falsa lentitud para continuar. Fade away para aumentar el rango desde la larga distancia y lección exprés de cómo encarar el aro. Se lo pasaba bien, con un doble paso atrás ante Kawhi que le sacaba esa sonrisa, esa mueca que todos los jugones comparten. El castigo impuesto por el primero sobre el segundo quería ser devuelto.

Los Sixers responden sin Embiid: emerge Curry y a semifinales

Philadelphia se impone a Washington en el quinto partido y cierra la serie sin su principal estrella. Seth, 30 puntos y triple-doble de Simmons.


Antes del partido, Philadelphia recibía la peor noticia posible en el peor momento posible. Una combinación cruel, que nadie desea ni para el peor de sus enemigos, pero que esta temporada se está convirtiendo en rutina. Joel Embiid, tras ser evaluado, confirmaba unas previsiones que aún no son exactas, pero que no invitan al optimismo. Desgarro en el menisco y evaluación diaria, con la esperanza de poder contar con él lo antes posible. Tras el encuentro, Doc Rivers se mostraba confiado en recuperarle para antes de finalizar los playoffs. Un rango de espera muy amplio. En el largo plazo, preocupaciones evidentes. En el corto, también: posibilidad de cerrar la serie en cinco partidos, en casa y sin tentar a la suerte. Misión cumplida (129-112). Defensa y equipo a la altura de las circunstancias. Capacidad de sostener una primera mitad asfixiante y explosión definitiva en la segunda. Actuación a la altura demandada y semifinales del Este en la mano. Atlanta Hawks, próximo rival.

Se venía del hack a Ben Simmons y de conceder una victoria que constaba en pocas previsiones. Se necesitaban nuevos líderes y emergieron. El propio Simmons, como se esperaba, fue uno de ellos. Tercer triple-doble para el base en playoffs, con 19 puntos, 10 rebotes, 11 asistencias y 5 de 8 viajes a la línea solventados con éxito. También Tobias Harris (28+9+6), que mantiene su mejor versión, más oportuno que nunca, y Seth Curry, llevando la ilusión de la fase final a casa en ausencia del hermano mayor. Máxima anotación de su carrera en postemporada, con 30 puntos y 3 de 6 en triples. Protagonismo también para Dwight Howard, con menos minutos de los esperados ante la ausencia del pívot camerunés, pero muy productivo. Puntos (12), rebotes (8) y, sobre todo, intimidación (3 tapones) en los momentos claves, en el inicio de una segunda parte que significó el principio del fin para los visitantes.

Las lesiones, las malditas lesiones, que han sido una constante durante toda la temporada, también lo han sido en esta serie. A modo de cruel microcosmos, a modo de restar espectáculo a una lucha que, aunque se preveía desigual, prometía mucho. La velocidad, la arrogancia, la locura de Washington frente al remodelado sistema de Philadelphia, que sigue funcionando desde sus engranajes interiores, pero que ha añadido un juego perimetral que se pedía a gritos (y que hoy, Curry, se ha encargado de demostrar por qué). Tanto lo uno como lo otro se ha visto afectado de alguna forma. Los Wizards, tras su agónica temporada, llegaban, play-in mediante, con su principal faro ofensivo tocado. El segundo máximo anotador de la competición, un Bradley Beal que, durante buena parte del curso, hasta el esprint final, parecía un coche de alta gama en el peor de los párquines. Se despide de la temporada con una actuación a la altura (32+7+5) y con una puntuación por encima de los 30 puntos que ha convertido en el pan de cada día.

Los Jazz van muy en serio

Donovan Mitchell, con 30 puntos y 10 asistencias, lidera a Utah para ganar la serie a Memphis, que no tuvo ninguna opción. Mike Conley abandona el partido lesionado.

Mitchell fue el desatascador tras el primer tropiezo y el cuchillo en los siguientes asaltos. Tras anotar 109 puntos en el encuentro inicial, el promedio con él subió hasta 127,3 en el resto de partidos. Ahí marcó el listón y ahí lo ha mantenido hasta acabar con Memphis Grizzlies (126-110). Hoy, 30 puntos, 6 rebotes 10 asistencias con un 5 de 8 en triples (62,5%). Sublime. Director y ejecutor. Un jugador de la gama alta de la NBA, aunque cueste situarlo tan arriba. Se enfadó por su no presencia en el encuentro inicial y ha ido justificando el porqué. Él sabía lo que se traía entre manos. Y eso mismo, esta madrugada, no ha permitido a los Ja Morant y compañía ponerse por delante en el marcador ni una sola vez. Victoria de principio a fin, sin matices, sin respuestas, sin grises. Blanca, muy blanca para los locales; aunque no negra para los visitantes, que se llevan muchas cosas de provecho.

Los Jazz llegaban avisados. En el corto y en el largo plazo. En la memoria y en el presente. 3-1 y la posibilidad de rememorar recuerdos horrendos para sus intereses. «Obviamente, recordamos ese sentimiento y no es algo que queramos volver a experimentar», confesaba Mike Conley en la previa. La misma ventaja que, en los anteriores playoffs, en los 475 puntos de Mitchell y Jamal Murray (al que se echa de menos por aquí), se había esfumado con tres derrotas seguidas. Una distancia que, ante la mirada depredadora de Ja Morant o Dillon Brooks no podía estar a salvo. Porque, sí, es un marcador, históricamente, difícil de salvar; pero sí, también son unos rivales que sólo viven el presente, lo que han conocido y lo que han exprimido en todos los partidos de la serie, resucitando una y otra vez (aunque de manera insuficiente) en los últimos cuartos de desventajas que alcanzaban los dos dígitos. El escenario fue ese al llegar al cuarto definitivo (con hasta 35 puntos de diferencia durante el partido), pero no se pudo alzar el vuelo como en otras ocasiones, ni para unas cosquillas.

Morant y Brooks, eso sí, lo intentaron, con 27 puntos cada uno y una auténtica exhibición desde el triple (5 de 9 y 3 de 5 respectivamente), pero no hubo manera. Ni con la compañía de Jaren Jackson Jr. (15+7) y Jonas Valenciunas (18+6). Delante, el dominio se extendía por todos los campos. En el juego interior y en el perímetro, en la circulación y en el acierto, que se situaba, en general, en índices a evaluar. 24 puntos para Clarkson, de oficio microondas, y reparto de tareas entre el resto: 23+15 para Rudy Gobert, 17+6 para Royce O’Neal, 17+8 para Bojan Bogdanovic… La única noticia negativa, unas molestias de Conley que, de cara a los próximos desafíos, puede suponer un salto significativo en la dificultad. Abandonó el parido a nueve minutos del descanso y no volvió por un dolor en los isquiotibiales. «En el primer cuarto, sentí sólo un pequeño tirón, avisé al personal médico, pero me dolía cada vez más a medida que corría, así que decidieron que abandonara el partido», declaró el base tras eliminar a sus ex.

«No hay nada de lo que sentirse frustrado cuando estás peleando así contra el mejor equipo de la NBA. Tienen respuesta para todo y estamos dando todo lo que tenemos», había asegurado Taylor Jenkins en la previa. Ni a Utah ni a Memphis. Nadie ha regalado nada a ninguna de las dos franquicias. Si los de Quin Snyder llegaban como primeros a la fase final era gracias a un sistema que funcionaba. Al poder interior de Gobert, como planeta y fuerza de gravedad, y a la voracidad ofensiva del perímetro, poblada de satélites orbitando alrededor (Bogdanovic, Ingles…). A la frescura de Clarkson, el Mejor Sexto Hombre de la competición y, en gran medida, al talento de un Conley, por fin, All Star y de un Micthell haciendo valer su papel de estrella, aunque sea en un equipo tan coral. Y si los de Jenkins lo hacían tras superar a San Antonio Spurs y a Golden State Warriors en el play-in era por su descaro, su nada a perder y un arsenal físico y de posibilidades que parece no tener fin. Los últimos pueden estar orgullosos y, los primeros, deben sacar su orgullo para seguir demostrando que lo de la temporada regular no era una broma, que van muy en serio.

Trae Young conquista el Madison

Con 36 puntos y 9 asistencias, el base liquida la serie ante los Knicks y conduce a los Hawks hasta las semifinales de Conferencia, donde esperan los Sixers.

Como si estuviera en el teatro más importante del mundo. O en Broadway, que le quedaba bien cerca. Trae Young conquistó el Madison, convertido en su escenario particular, y culminó su serie (o llámese película) con una reverencia ante el público que le había sufrido. Ante los miles de espectadores que habían visto todos y cada uno de sus 26 puntos, o sus 9 asistencias. O el triple que precedió el teatral gesto, desde ese rango tan suyo, tan cercano al logo, y que ponía un 86 a 101 que, ya en el último minuto, era culmen de la obra (89-103). Los de la Gran Manzana resistieron hasta el descanso, tiempo en el que pudieron llegar a liderar el marcador hasta en cuatro ocasiones; pero, después, no fueron capaces hacer nada contra unos Hawks que ya hace mucho que han empezado a volar a la altura esperada, a esa que, hasta la llegada de McMillan, parecía que se escapaba.

Había tantas cuentas pendientes que perder la cuenta era lo normal. Desde el primer partido, Young ya se se había convertido en una especie de enemigo público número uno de la metrópoli. El Madison – qué gusto nombrarlo a estas alturas de la temporada – fue cruel con él y él se rebeló, le mandó a callar y sentención con una bombita descarada. Desparpajo juvenil y la confianza del que sabe que es muy bueno. Más recientemente, aunque no haya pasado tanto de aquello (el tiempo vuela en playoffs), cuatro puntos de sutura para John Collins, un encontronazo entre Gallinari y Bullock o el intercambio de declaraciones entre Capela y Derrick Rose. «Vamos a ir a tu casa para ganar el partido y vamos a enviarte de vacaciones», decía el primero en la previa. «Soy demasiado viejo para estas porquerías», respondía el segundo. En la serie se ha visto un tiro ganador, un Rose de nivel exquisito, un intercambio bellísimo desde las pizarras… Se ha hecho de todo, menos amigos.

Y hoy, con el todo o nada en juego, no podía ser una excepción. Antes del descanso, tangana en el centro de la pista entre Nerlens Noel y Solomon Hill con la seguridad del Madrison como mediadora. Para entonces, nada hacía pensar que la tensión se pudiera rebajar, lo deportivo ataba, irremediable y afortunadamente, a la presión intrínseca de un partido definitivo de una serie de playoffs ajustadísima, pero que no lo fue tanto al final. 47 a 52 en el marcador, intercambio de propuestas trepidante, una constante a lo largo de la eliminatoria. Si Atlanta golpeaba desde el interior con una conexión Young – Capela que empieza a ser patrimonio de la competición (26 puntos en la pintura por 18), New York lo hacía con un mayor acierto desde el perímetro (con 17 intentos por ambas partes, 7 aciertos de los neoyorquinos y 3 de los visitantes). Y en forma de duelos. En los visitantes, el mencionado dúo acumulaba 27 de los puntos totales; en los Knicks, 30 eran para Randle (23+13 al final) y Bullock (12). Partido de equilibrismos, de tira y afloja, de batirse en duelo y de mancharse de barro. Y, finalmente, culminado de traje en el escenario. La magia de Young, que, fielmente acompañado de los constantes dobles-dobles de Clint Capela (14+15), encuentra quien también la sufra.

Serie mayúscula. Colisión entre el nuevo baloncesto y la vieja escuela. Cruce de épocas, de miradas, de golpes y de provocaciones. Es lo que tiene, se supone, volver a contar con New York Knicks de vuelta en los playoffs. Su glamour, sus focos, su opulencia, su historia. Paradójicamente, su semblante impoluto empapado de sudor, al más puro estilo Thibodeau. Sorprendentemente, la fórmula que los ha llevado a la fase final ocho años después. Sin los Carmelo Anthony, J.R. Smith y compañía, pero con unos Randle o R.J. Barrett (17+7) que han hecho que la NBA brille un poco más. Es lo que tiene el resplandor de la Gran Manzana, es lo que tiene la mejor liga del mundo y su sistema. Hasta aquí su aventura y desde aquí la de los Hawks, que vuelven a ganar una serie de playoffs desde 2016.

JUEVES, 3 DE JUNIO DE 2021
Portland Trail Blazers vs Denver Nuggets 8:00 PM (3-2)
Los Angeles Lakers vs Phoenix Suns 10:30 PM (2-3)

Fuentes; Diario AS, Hispanos NBA, WEB Oficial NBA

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