Suns tiene la escoba lista para los Nuggets y Filadelfia desnivela ante Atlanta y pone las cosas en su lugar

RESULTADOS NBA VIERNES, 11 DE JUNIO DE 2021
Atlanta Hawks 111 Philadelphia 76ers 127
(1-2)
T. Young 28 pts / J. Embiid 27 pts
Denver Nuggets 102 Phoenix Suns 116 (0-3)
N. Jokic 32 pts / D. Booker 28 pts

Estos Suns no tienen piedad

Exhibición en Denver, dominio total y 3-0 para los de Monty Williams. Partidazo de Chris Paul y Devin Booker y emocionante resistencia de un Jokic colosal: 32+20+10 sin premio.

A veces, simplemente, no se puede. No se llega. No hay suficiente. Y no hay más. No hay giros argumentales hollywoodienses, ni guiones épicos esperando en el cajón. No hay vidas extra, no hay resistencia de época a la que aferrarse, ni factor cancha, ni siquiera magia de MVP (Nikola Jokic recibió el premio antes de jugar). A veces tu rival es estruendosamente mejor. Y en el inicio del último cuarto, cuando el partido se terminó de romper (76-96, rumbo al 102-116 final) y la eliminatoria se aclaró definitivamente (3-0 ahora, mañana cuarto partido), esa realidad pesaba más en las cabezas de los Nuggets que todos los kilómetros que puedan viajar ya en las piernas. No hay caso: salvo reacción milagrosa, literalmente regreso de entre los muertos, Denver Nuggets no repetirá como finalista del Oeste y ese lugar de honor será para Phoenix Suns. Por primera vez desde 2010, la última también en la que los de Arizona jugaron playoffs.

El destino de los Nuggets estaba escrito, en realidad, desde que una lesión de rodilla fulminó a Jamal Murray el 13 de abril. Han pasado dos meses en los que el equipo de Michael Malone, por encima de todo el equipo de Nikola Jokic, ha resistido; ha jugado sin parar, sin excusas y sin dejar de creer. Acabó la Regular Season con nota altísima, encontró remiendos (la llegada de Austin Rivers…) y se dio el lujo de ventilar a Portland Trail Blazers cuando la realidad es que ya deberían haber perdido esa serie si los de Oregón no hubieran incurrido en su catálogo habitual de males y disparates. Es más: esta eliminatoria contra los Suns (ahora mismo, todopoderosos Suns) cuestiona más a esos Blazers en plena zozobra (salida de Terry Stotts, dudas de Damian Lillard) que a los propios Nuggets, que están a un paso de un final muy amargo para una temporada que podía haber sido especial. En un lapso de poco más de un par de semanas, desde la llegada de Aaron Gordon (un celebrado all in) hasta la lesión fatal de Murray, los Nuggets parecieron tan buenos como cualquier equipo de la NBA. Pero, ya se sabe, Dios escribe recto pero con renglones torcidos. A veces, todo es tan sencillo como eso.

La debilidad de los Blazers y el espíritu de los Nuggets dio una vida extra a los de las Rocosas, pero los Suns (palabras mayores) la han pulverizado, pisoteado. Rivers (esta vez 5 puntos) y Facundo Campazzo (6) no son (no aportaron ni una asistencia) un backcourt con el que ponerse enfrente de Chris Paul y Devin Booker. Es dolorosamente obvio. Will Barton (14 puntos en 14 tiros, casi todos con aroma a desesperación) acaba de volver de una lesión que le tuvo fuera en primera ronda (más sonrojo para los Blazers); y en el día en el que hacía falta todo, la armada al completo, Aaron Gordon (4 puntos, 2/10 en tiros) y Michael Porter Jr (15 y 5/13) dimitieron.

Quedó el esfuerzo habitual de Monte Morris (21 puntos, 5 asistencias), en muchos tramos de estos playoffs el segundo mejor jugador de los Nuggets (con esto está todo dicho, sin quitar mérito al base) y la presencia constante de Jokic, que jamás dimite, jamás deja de jugar: emocionante 32+20+10. Solo ante el peligro, jugando en la tumba, consciente de que estaba muerto pero sin querer asumirlo. Puso 32 de los 62 puntos, 20 de los 31 rebotes y 10 de las 11 asistencias del quinteto titular de los Nuggets. Para encontrar un 30+20+10 en playoffs no hay que rebuscar mucho: solo lo habían hecho, hasta ahora, Kareem Abdul-Jabbar y Wilt Chamberlain.

Desde el primer cuarto (27-37) los Suns aplicaron su tortura china a los Nuggets. Siempre por delante, siempre al mando, siempre con el partido bajo control. A partir de ahí, solo quedó un ejercicio de masoquismo orgulloso de los locales, que nunca parecieron tener suficiente. Cada racha, cada intento, cada pequeño parcial que ponía en pie a la grada, encontraba respuesta inmediata.

Los Suns nunca se pusieron nerviosos, no dudaron, no dejaron puertas entreabiertas. Llevan seis victorias seguidas desde que perdían 1-2 contra los Lakers, con el panorama muy oscuro y Chris Paul mermado por una lesión de hombro. Están a un paso de la final del Oeste y parecen, hay que decirlo alto y claro, a voz en grito, un candidato con todos los galones al anillo. Su defensa es inteligente, física e intensa, con combinaciones útiles contra cualquier tipo de rival. Su ataque es una sinfonía profunda, con estrellas a los mandos, percusión en todas las posiciones y un banquillo de primer nivel. Y con un estilo estético y criminal, una muerte por mil cortes que dirige Chris Paul (esta vez 27 puntos, 6 rebotes, 8 asistencias) y ejecuta Devin Booker (28+6+4). Esa coreografía de movimiento constante, tiros liberados y bandejas, un toque de extra pass al estilo de los mejores Spurs, convierte en irresistible a un equipo que ha aprobado en estos playoffs el único examen que tenía pendiente: ni Chris Paul es demasiado mayor ni los jóvenes (Booker, DeAndre Ayton, Mikal Bridges, Cam Johnson) son demasiado jóvenes. Es un equipo que ha llegado en el momento exacto al lugar adecuado. Así que cuidado, mucho cuidado con estos Suns. Van a por todas.

Embiid: exhibición, triunfo y disgusto

Los Sixers ganan en Atlanta y recuperan el factor cancha pero pierden por lesión a Danny Green. Joel Embiid fue el mejor pero se resintió de su rodilla lesionada en la segunda parte.

Las aguas han vuelto a su cauce. Los Sixers ganaron en Atlanta (111-127) y han devuelto el orden lógico a su semifinal del Este, restaurando una jerarquía que se tambaleó en el primer partido, en el que una exhibición memorable de los Hawks empequeñeció a los Sixers, que ya han recuperado ese paso atrás y el factor cancha. Con 2-1 a favor, tienen parón de dos días y jugarán el cuarto el lunes, otra vez en Atlanta. La gran barrera de los Hawks: si pierden ese partido, los de Nate McMillan estarán prácticamente condenados.

si juegan como en este tercer duelo de la serie, los Hawks perderán. Se metieron desde el principio, a pesar del buen arranque de Bogdan Bogdanovic (casi desaparecido en la segunda parte) en la boca de un lobo que es muy feroz en su mejor versión: los Sixers defendieron lo justo y permitieron un partido simplemente muy bueno (28 puntos y 8 asistencias) de Trae Young, que no controló el ritmo y no estuvo súper. Y los Hawks necesitan su versión súper… y más defensa. Los Sixers anotaron con mucha facilidad en el primer tiempo (56-61 tras el primer amago de break) y se exhibieron en el tercer cuarto (75-95 final) en el que se pasaron seis minutos sin fallary en el que liberaron sus cargas de ataque con un Ben Simmons más asertivo cerca del aro y más cómodo como iniciador en el poste. El australiano sumó 11 puntos y 3 asistencias en el tramo decisivo del partido, y acabó con 18 y 7 tras poner de su parte en la defensa colectiva a Trae.

El resto del trabajo lo hicieron los dos de casi siempre: Tobias Harris sumó 22 puntos, 8 rebotes y 5 asistencias con un 10/16 en tiros y Joel Embiid bajó su anotación (39,5 de media en los dos primeros partidos) pero hizo de todo: 27 puntos, 9 rebotes y 8 asistencias, su tope de playoffs, en una noche en la que castigó con buenos pases los marcajes dobles y triples que recibió desde el principio. El plan de McMillan no funcionó y la pista de los Hawks se rindió por primera vez desde el 15 de abril. Eran trece victorias seguidas y 19 en 21 partidos como locales, una racha que acabó en la primera visita a la ciudad de los Sixers en playoffs desde 1982. Justo antes de que, en 1983, llegara al equipo para convertirse en uno de sus referentes Doc Rivers, ahora entrenador del enemigo.

Para los Sixers, la vida es mucho más fácil cuando responde un banquillo del que nunca se sabe qué esperar. Esta vez 30 puntos solo en la primera parte, con 11 en el primer cuarto de Korkmaz, que acabó con 14. La presión constante de los de Rivers dinamitó una débil resistencia defensiva de los Hawks, acosados por los problemas de faltas y la lentitud de Collins y Gallinari cuando Simmons se empareja con ellos en posición de falso ala-pívot. Las pérdidas remataron a los Hawks pese a los 23 puntos y 7 rebotes de Collins y el intento de ejercer de catalizador de Trae. La resistencia valió para recortar hasta el 97-110 con más de cinco minutos por jugar. Había tiempo, pero no había fuerzas.

Ahora, las malas noticias para los Sixers: Danny Green jugó menos de cuatro minutos antes de irse con una lesión muscular en un gemelo. El típico problema que no es de primera magnitud pero que, a veces, estropea recorridos en playoffs. El escolta, un jugador fundamental en el engranaje del equipo y con un obvio pedigrí de campeón (Spurs, Raptors, Lakers) tiene como mínimo para unos días de baja. Y en unos días asomarán, si todo sigue un curso normal en las dos eliminatorias, los Nets en una hipotética final del Este. Ahí hará falta todo lo que tengan a mano unos Sixers que no ganaron para sustos ya con el partido desequilibrado: Tobias Harris se dio un golpe tremendo en la cabeza con una cámara y Joel Embiid, esto es lo peor, se resintió un par de veces de esa rodilla que tiene lesionada. Contra los Hawks todo esto son solo detalles, más allá podrían ser clavos en el ataúd de un equipo que por ahora puede estar satisfecho: vuelve a tener su eliminatoria bajo control. El lunes la dejará encarrilada… o tendrá que apretar los dientes a base de bien.

Fuente; Hispanos NBA, Diario AS, WEB OFICIAL NBA

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